Reino Nuevo hitita

o Imperio Nuevo hitita. )o( PRIMER IMPERIO HITITA (ca.1.450-1.336) )o( El Imperio hitita no resurgió hasta la llegada de un nuevo monarca, Tudhaliya I, en el año 1.450, que fue el iniciador del Imperio Nuevo. Tras este monarca, se conocen una sucesión de reyes hititas que han sido recogidas por listas de sacrificios y ofrendas y por los tratados con Egipto, Alepo y Mitanni principalmente. Durante esta época se produjeron algunos cambios hasta la llegada de Subiluliuma, como la preeminencia del ejército, debida a luchas incesantes, que dan al pueblo hitita un gran carácter guerrero y la necesidad de imponerse de los reyes. La falta de una auténtica organización interior exigía una mayor centralización de poderes en manos de los reyes, desembocando la institución monárquica en una monarquía absoluta y teocrática, análoga a la de las demás monarquías orientales del momento, en lo que debieron influir, posiblemente, las influencias del exterior, transmitidas por las relaciones lógicas con los demás países vecinos e incluso a través del propio ejército, gran elemento transmisor de influencias y cultura. En el año 1.380, una conspiración hizo que el legítimo heredero fuese suplantado por un aspirante de oscuro origen que implantó una nueva Dinastía en Hatti. Esta época es la de la hegemonía del Imperio hitita sobre gran parte del Próximo Oriente, siendo su figura más importante Shuppiluliuma Sus reyes fueron: )o()o( Tudhaliya I (1.450-1.420) )o()o( Arnuwanda I (1.400-1.385) )o()o( Tudhaliya II (ca.1.400) )o()o( Hattusil II (ca.1.390) )o()o( Tudhaliya III (1.395-1.380) Hijo de Tudhaliya II )o()o( Shuppiluliuma I (1.380-1.342) Hijo de Tudhaliya III. Contemporáneo de Tushratta de Mitanni )o( SEGUNDO IMPERIO HITITA (1.336-ca.1.215) )o( Los sucesores de Shuppiluliuma conservaron su política de expansión con su misma energía y el Imperio se mantuvo durante casi un siglo. Sin embargo, el carácter común de estos reyes es precisamente el mantener su poder a base de sofocar sublevaciones internas. Todos ellos tuvieron que reprimir intrigas en la corte, lo cual indica la inestabilidad de la situación interior. Inestabilidad extensiva al propio país de Hatti, ya que los reyes hititas debieron efectuar repetidas campañas contra los gasga, los bárbaros del Ponto, que tal vez fueran muchas veces simples expediciones de castigo, pero que agotaron el ejército regular hitita. Es también común a estos soberanos el sofocar las rebeliones continuas de los países vecinos sometidos, principalmente los reinos de Arzawa al oeste y Urartu al este. También se conocen las repetidas alianzas y tratados para conseguir la paz con las ciudades sirias, independientes unas de otras, repartidas a los hijos de Shuppiluliuma como reinos dependientes de la corona hitita, como Alepo y Kadesh. A partir del final del reinado de Mursil II hubo dos nuevos peligros para los hititas: Egipto y Asiria. Los faraones de la Dinastía XIX habían recobrado la fuerza militar y buscaban recuperar los territorios perdidos de Siria. Seti I había conseguido llegar hasta Kadesh. Sin embargo, se sabe, principalmente a través de las fuentes egipcias, las luchas de Muwatalli y Ramsés II por el dominio de los territorios sirios. Gracias a la energía del rey hitita y al poder de los cargos de su ejército, logró que las posesiones sirias continuaran bajo su dominio. No obstante, Egipto era un país en decadencia y Asiria empezaba ahora a destacar como nueva potencia de gran empuje. Si la expansión egipcia fue detenida, los hititas no pudieron con los asirios, que, ya al final del reinado de Muwatalli, presentaron serios proble- mas y perdieron prácticamente el dominio de Mitanni. Al rey Hattusil III, que con su esposa Paduhepa protagonizó la etapa más brillante de la historia hitita, el empuje asirio le obligó a pactar con Egipto. No tuvo la misma suerte con Asiria, ya que se encon tró frente a un poderoso enemigo: Salmanasar I, que le venció y ocupó todos los territorios situados al este del Eúfrates, marcando el inicio de la decadencia hitita. Hattusil III fue el último rey lo suficientemente enérgico, como para mantener el estado hitita. Su sucesor, Tudhaliya IV no poseía las dotes de su antecesor. La débil y confusa situación de Hatti fue aprovechada y en los principales países sometidos se sucedieron continuas sublevaciones. En lo sucesivo, los esfuerzos hititas por mantener el poder serán inútiles. Los días de su Imperio estaban contados. Sus reyes fueron: )o()o( Mattiwaza (1.336-1.335) )o()o( Arnuwanda II (1.322-1.321) Hijo de Shuppiluliuma I )o()o( Mursil II (1.321-1.295) Hijo de Shuppiluliuma I. Eclipse de Mursil )o()o( Muwatalli II (1.295-1.272) Hijo de Mursil II. Batalla de Qadesh, en el año 5 de Ramsés II )o()o( Mursil III (1.272-1.265) )o()o( Hatusil III (1.265-1.237) Hijo de Mursil II. Contemporáneo de Salmanasar I y Kadashman-Turgu )o()o( Tudhaliya IV (1.237-1.209) Hijo de Hatusil III. Batalla de Nihriya )o()o( Arnuwanda III (1.209.1.208) Hijo de Tudhaliya IV )o()o( Shuppiluliuma II (1.207-1.178?) Hijo de Tudhaliya IV. Caída de Hattusa )o( Ver, Cronología del Antiguo Oriente Próximo, Cronología media del Antiguo Oriente Próximo, Cronología corta del Antiguo Oriente Próximo.
 
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