Semíticas
Lenguas. Familia de lenguas que se extiende por el Próximo Oriente y zonas limítrofes a partir al menos del tercer milenio a.C.; algunas de ellas se siguen empleando en nuestros días. El nombre de "semíticas" está tomado de la Biblia: los que hablan estas lenguas son los "hijos de Sem", según el relato del Génesis. Se suelen encuadrar en un grupo más amplio de lenguas llamadas camito-semitas, con alusión asimismo a "los hijos de Cam", y que junto a la familia semítica incluye también otras lenguas del norte y centro de África: egipcio, líbico-beréber, cusita y, en opinión de algunos, chádico. Se conoce hoy con el nombre de semíticas cerca de setenta lenguas o dialectos distintos. Unas son muy antiguas y dejaron de hablarse hace tiempo; otras, todavía se utilizan. La lengua semítica más antigua de las que hoy sobreviven es el hebreo, lengua oficial de Israel, documentada desde hace más de tres mil años; la más extendida en nuestros días es el árabe, que en diversas formas dialectales se utiliza en amplias zonas del Próximo Oriente y de África; pero también siguen vivas el amhárico y el tigre en Etiopía, el arameo occidental en varios pueblos del Antilíbano, en Siria, y el arameo oriental en Georgia, el Kurdistán y algunas localidades del Azerbayán iraní, mientras que el siriaco sigue siendo la lengua litúrgica de los cristianos maronitas. A lo largo de la historia, las lenguas semíticas se extendieron desde Mesopotamia por el nordeste hasta el sur de Arabia y las costas etiópicas, incluyendo al noroeste la región siro-palestina, y difundiéndose finalmente, con la cultura fenicio-cartaginesa y más tarde con la árabe, por las riberas mediterráneas. Incluyen desde pequeños dialectos locales hasta lenguas utilizadas en zonas muy extensas como resultado de migraciones y conquistas. Algunas de estas grandes lenguas, como el acadio, el hebreo o el árabe, se han conservado durante muchos siglos y han contribuido de manera notable a la expansión cultural de la humanidad. Tienen una serie de rasgos comunes que en conjunto las distinguen de otras familias lingüísticas: consonantes velares, enfáticas, faríngeas y laríngeas, raíz de estructura preferentemente triconsonántica, formas verbales con valor aspectual, rasgos sintácticos característicos, cierto vocabulario básico compartido, etc.. Han estado a veces en contacto con otras lenguas no semíticas presentes también en la misma zona geográfica. Se suelen distinguir los siguientes grupos de lenguas de acuerdo con su localización geográfica: semítico oriental (acadio y sus dialectos), semítico occidental del norte (amorreo, ugarítico, grupo cananeo y arameo, etc.), y semítico occidental del sur (árabe, sudarábigo y etiópico). Más de dos milenios y medio antes de la era cristiana se encuentra documentado al nordeste, en Mesopotamia, el antiguo acadio, que había desplazado ya al sumerio (lengua no semítica), tras haber tomado su sistema de escritura cuneiforme. Más al oeste, al norte de la región, en ciudades como Ebla se emplea igualmente por esas mismas fechas una lengua semítica. En el segundo milenio a.C., mientras en el nordeste a partir del acadio se forman los dialectos asirio y babilónico, se conoce más al oeste el amorreo, y, posteriormente el ugarítico y otras lenguas que han dejado su huella en las más antiguas inscripciones de Canaán, Byblos y el Sinaí, o en las glosas de las cartas de Tell El-Amarna. A fines del segundo milenio se perfilan en la región noroccidental las diferencias entre dos grupos dialectales, cananeo y arameo, que se desarrollarán a lo largo del primer milenio a.C.; dentro del grupo cananeo se encuentran lenguas como el fenicio-púnico, el hebreo y otras lenguas menores. Al suroeste se extienden en época más reciente (las inscripciones más antiguas son del siglo V a.C.) el árabe, sudarábigo y etiópico con sus diversos dialectos. El acadio fue durante el segundo milenio a.C. la lengua administrativa más extendida por todo el Oriente próximo por lo que tablillas cuneiformes escritas en esa lengua se encuentran en las excavaciones de toda la región, y hasta en Egipto. En dialecto babilónico se escribe el Código de Hamurabi, o el poema épico de Gilgames, que incluye una narración sobre el diluvio, antecedente claro de la bíblica. Tras alcanzar amplia difusión, los dialectos acadios caen en desuso hacia el siglo VI a.C., siendo sustituidos por el arameo. La lengua de Ebla está representada en las cerca de 15.000 tablillas sacadas a la luz en 1974-75, que fueron escritas entre 2500 y 2300 a.C., esto es, contemporáneas del antiguo acadio. El amorreo fue la lengua de un grupo nómada llamado "amurru", que se establece al oeste del Éufrates, y que se conoce sobre todo por los numerosos nombres propios que dejaron en las tablillas cuneiformes. En las excavaciones de Ras Shamra, iniciadas en 1.929, se encontraron numerosos documentos en ugarítico, en escritura cuneiforme alfabética, que incluyen poemas arcaicos, textos en prosa de carácter documental, epistolario y jurídico, etc. de los siglos XIV-XIII a.C.. A pesar de los esfuerzos que se han hecho por descifrar la escritura pseudo-jeroglífica de Byblos, se ha resistido a los investigadores. En cambio, las 45 inscripciones proto-sinaíticas que comenzaron a descubrirse a principios de siglo cerca de las minas de Serabit el-Jadem, al oeste de la península del Sinaí y que datan probablemente de mediados del segundo milenio a.C. parecen ser muestra de un dialecto semítico del noroeste hablado por los trabajadores de las minas. A fines del segundo milenio a.C. hacen su aparición en documentos escritos algunas de las lenguas de los que más tarde se conocerán como grupos cananeo y arameo. De ese tiempo datan las secciones más arcaicas de la Biblia, en hebreo, lo mismo que las más antiguas inscripciones en fenicio. Las primeras inscripciones en arameo que hoy se conocen son algo más recientes. El hebreo es la lengua de la Biblia, y en él se ha escrito una variada literatura que llega hasta nuestros días; fue la lengua de la oración y la literatura de los judíos españoles durante los cerca de quince siglos que permanecieron en España. Al fenicio le tocó jugar un papel cultural muy destacado, al propiciar gracias a su expansión comercial la difusión del alfabeto empleado en Canaán; no se conservan textos literarios en esta lengua, sino únicamente inscripciones, algunas de las cuales se encuentran en la península Ibérica. En arameo se escribió una parte de la literatura judía en la época rabínica, como el Talmud. El árabe, lengua documentada en tiempos más recientes, incluye los dialectos pre-islámicos de la península arábiga, el árabe clásico, representado sobre todo por el Corán, compuesto en el siglo VII de nuestra era, y una amplia gama de dialectos modernos. Amplias zonas de Asia y África, y hasta la mayor parte de la península Ibérica utilizaron el árabe durante siglos. En el sudarábigo se distinguen varios dialectos, como sabeo, mineo, qatabanio, hadramáutico, etc., que desaparecen hacia el año 1000 d.C.. Los actuales dialectos mehri, auri, lo mismo que el hablado en la isla de Suqutra, en el Índico, representan una rama de la misma familia lingüística. Las costas del este de África fueron colonizadas por gentes venidas del sur de Arabia, desarrollando los dialectos etiópicos, como el gecez (lengua clásica, de los siglos III a XII d.C.), del que son descendientes el tigrinya y el tigre en el norte; en el sur destaca el amhárico (desde el siglo XIV d.C.) y otros dialectos como el harari, gurage, etc.

