Ambrosía

(del griego, ambrosia "alimento de inmortalidad"). Era el misterioso alimento de los dioses al cual debían su inmortalidad y que acompañaban con una bebida denominada néctar. Nada hay tan confuso ni tan oscuro entre los poetas, como el verdadero destino de la ambrosía y del néctar. La primera destilaba de uno de los cuernos de la cabeza de Amaltea y el segundo del otro cuerno. Y sólo por seguir la opinión más común, puede ser considerada la ambrosía como el alimento que se servía en la mesa de los dioses, y el néctar como su bebida. Pero para entender diferentes pasajes de los poetas, es preciso suponer que además de la ambrosía sólida, había agua, quinta esencia, pomada y pasta de ambrosía. Es una de las más hermosas ficciones de la antigüedad. Este alimento delicioso y este licor embalsamado recreaban a la vez todos los sentidos, daban la juventud o la conservaban, aseguraban la felicidad de la vida mortal y procuraban la inmortalidad. Venus arrancó de la muerte a Berenice, mujer de Ptolomeo Sóter, dándole un poco de este manjar divino. De este modo consiguió también la Aurora hacer inmortal a Titón. Apolo se sirvió del mismo manjar para preservar de la corrupción el cadáver de Sarpedón, y Afrodita para curar las heridas de Eneas. Los dioses usaban del néctar para perfumar los aires. Ibico, citado por Ateneo, dice que la miel puede dar una idea de la naturaleza y del sabor de la ambrosía. "La ambrosía, dice, es nueve veces más dulce que la miel, de modo que comiendo miel se prueba la novena parte del placer que se sentiría comiendo ambrosía". Zeus daba a probar la ambrosía del Olimpo a los humanos que destacaban por su virtud. Ver, Néctar.
 
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