Dikasteria
Atenas tenía un elaborado sistema legal centrado en la dikasteria de la Heliea. La palabra deriva de dikastas "los que juraban, es decir, los jurados", también llamado heliasta. Estos tribunales se elegían por sorteo de entre un grupo de 6.000 ciudadanos anualmente, conocidos como Heliea. Para ser elegible como miembro del jurado, un individuo necesitaba tener 30 años de edad y estar en plena posesión del derecho de ciudadano (ver, Atimía). El límite de edad era el mismo que para los funcionarios, pero diez años mayor que el requerido para la participación en la Asamblea, lo que dio a los tribunales cierto prestigio sobre la Asamblea. Este hecho se sumaba a que los miembros de los jurados estaban bajo juramento, lo cual no era un requisito para los asistentes a la Asamblea. Sin embargo, la autoridad ejercida por los tribunales tenía la misma base que la de la Asamblea: ambos eran considerados como la expresión directa de la voluntad de la gente. Al contrario que los funcionarios (magistrados), que podían ser acusados y procesados por mala conducta, los miembros del jurado no podían ser censurados. Una consecuencia de esto era que, al menos en palabras de algunos miembros del jurado, si un tribunal había tomado una decisión injusta, debía haber sido porque un litigante los había engañado. Esencialmente había dos tipos de juicios, los privados (diké), y los públicos (graphe). Para las demandas privadas el tamaño mínimo del jurado era de 201 miembros, aunque podía ser aumentado a 401 si había de por medio una suma mayor de 1.000 dracmas. Para los juicios públicos este número ascendía a 501 miembros. Estos jurados eran elegidos por sorteo de entre un grupo de 600, que eran precisamente los pertenecientes a cada una de las diez tribus de Atenas, habiendo 6.000 potenciales miembros de un jurado disponibles en total. Para los juicios públicos particularmente importantes, el jurado podía ser aumentado en grupos adicionales de 500 individuos. En más de una ocasión hubo jurados de 1.000 e incluso 1.500 miembros. La primera vez que un nuevo tipo de litigio se llevaba al tribunal, los 6.000 miembros del jurado en su totalidad eran asignados al juicio. Los casos eran expuestos por los propios litigantes como un intercambio de discursos limitados en el tiempo mediante un reloj de agua. Primero el demandante, luego el acusado. En un juicio público cada uno de los litigantes disponía de tres horas para hablar. En los privados se daba mucho menos tiempo, aunque iba en proporción a la cantidad de dinero en juego. Las decisiones se tomaban votando, sin que hubiera un límite de tiempo para la deliberación. Sin embargo, nada prohibía a los miembros del jurado hablar de forma informal entre ellos durante el procedimiento de votación e incluso podían expresar públicamente su desaprobación y gritar y criticar los argumentos de los litigantes. Este hecho pudo haber facilitado los consensos debido a la presión a la que se sometía a las minorías. El jurado podía emitir solamente un voto de "si" o "no" en cuanto a la culpabilidad del demandado. En los juicios privados solamente las víctimas o sus familiares podían acusar, mientras que en los públicos cualquier ciudadano podía iniciar un proceso puesto que este tipo de juicios se consideraba que afectaban a la comunidad en su conjunto. La justicia era rápida: un caso no podía durar más de un día. Algunas sentencias implicaban una pena automática e inmediata, y no había derecho a recurso. Sin embargo había un mecanismo para implicar a los testigos de un querellante que hubiese ganado un juicio, que aparentemente podía anular el veredicto anterior. El pago a los miembros de jurados fue introducido alrededor del 462 a.C. y se atribuye a Pericles, una política descrita por Aristóteles como fundamental para la democracia. Este sueldo fue incrementado de 2 a 3 óbolos por Cleón al inicio de la Guerra del Peloponeso y así permanecería; sin embargo no se conoce la cantidad originalmente propuesta por Pericles. Esta medida se introdujo más de cincuenta años antes de que se pagara también a los que acudían a las reuniones de la Asamblea. El funcionamiento de los tribunales era uno de los mayores gastos del Estado ateniense y hubo momentos de crisis financiera en el siglo IV a.C. en los que algunos juicios, al menos los privados, tuvieron que ser suspendidos. El sistema mostraba un marcado antiprofesionalismo. Ningún juez presidía los tribunales ni tampoco había ninguna persona que tuviera la última palabra tras escuchar al jurado. Los magistrados a cargo de los tribunales tenían solamente una función administrativa y, en cualquier caso, tampoco eran expertos, de hecho, la mayor parte de las magistraturas anuales en Atenas se podían llevar a cabo solamente una vez en la vida. No había abogados como tal, sino que los litigantes actuaban por su propia cuenta. Cualquier profesional allí tendía a ocultarse, por ejemplo, era posible pagar los servicios de un escritor de discursos (logográfo) pero no se notificaba ante el tribunal, e incluso cuando había litigantes famosos por participar activamente en la política como oradores, hacían una cierta demostración de carecer de soltura. Estos tribunales suponían un segundo escalón entre los lugares donde se podía ejercer la expresión de la soberanía popular. Igual que en la Asamblea, los ciudadanos que actuaban como miembros del jurado eran inmunes al control o el castigo. Cuando los oradores se dirigían al jurado, esta alusión podía referirse a cualquier acto cometido en general por "los atenienses", por ejemplo las batallas que tuvieron lugar muchos años atrás, incluso antes de que cualquiera de los presentes hubiese nacido, o decisiones llevadas a cabo por otros jurados anteriores cuyos miembros evidentemente no coincidían en ningún caso. Sin embargo, los miembros del jurado debían tener una edad minima de 30 años y estaban bajo juramento. Desde una perspectiva ateniense, donde los jóvenes se consideraban demasiado impetuosos y la edad demostraba sabiduría, sumado al hecho de que era necesario un juramento, los jurados adquirieron más peso moral que los ciudadanos que asistían a la Asamblea. Ver, Graphé paranomon.

