Asia
La provincia romana de Asia fue una división administrativa anexada por la antigua Roma en tiempos tardíos de la República. Se creó en el 129 a.C. sobre un territorio ampliamente helenizado y rodeado de Estados creados tras la desaparición del Imperio seléucida, fundamentalmente Bitinia, Paflagonia, el Ponto, Galacia, Capadocia, Comagene y lo que quedaba del Imperio seléucida. Era una provincia senatorial gobernada por un procónsul. Esta situación permaneció inalterable en la reorganización del Imperio romano del año 213. Antíoco III Megas, o el Grande, tuvo que abandonar este territorio cuando los romanos masacraron a su ejército en la batalla de Magnesia, en 190 a.C.. Después del Tratado de Apamea, en 188 a.C., toda la zona fue entregada a Roma y colocada bajo control de un rey títere con capital en Pérgamo. En el año 133 a.C., Átalo III, rey de Pérgamo, no teniendo ningún heredero, legó su reino a Roma. Después de una cierta vacilación, y de la revuelta dirigida por Aristónico, que se declaró hermano de Átalo III, la provincia romana de Asia Proconsularis fue formalizada, incluyendo las regiones de Misia, Lidia, Caria y Frigia. Las grandes ciudades de Asia, como Éfeso y Pérgamo, estaban entre las metrópolis más grandes del mundo. Después del año 326, cuando el emperador Constantino movió la capital a Bizancio, la provincia de Asia se volvió más central, y siguió siendo un foco de la cultura romana y helenística por siglos. El territorio siguió siendo parte del Imperio bizantino hasta el siglo XV.

