Edén

La palabra sumeria edén, no es el nombre del Paraíso o, mejor dicho, del fruto, que tal es el significado del término "paraíso", que Dios plantó sobre la Tierra. Con "edén" los sumerios se referían a la llanura desértica, donde unas pocas hierbas crecen cuando la escasa lluvia lo permite. Dios, según narra la Biblia, cultivó un huerto en el Edén, es decir, en esta tierra desértica e inculta, y en este huerto, tan sólo en él, oasis de vida en medio del desierto, permitió que crecieran árboles divinos de los que pudo gozar únicamente un hombre, con la excepción del árbol de la vida. No es casual, aunque sea junto a otros dos ríos, más míticos que históricos, que el Edén estuviera bañado por el Tigris y por el Éufrates, y, sobre todo, que se hallara a "oriente", al este de la tierra donde fue escrita la Biblia. Es probable que se refiriera a Sumer, el antiguo Irak. Pero estos antiguos habitantes, mucho menos afortunados que sus contemporáneos egipcios, no poseían el don de un gran río el cual, al desbordarse, fecundara sus campos, sino que en su territorio existían dos ríos que cuando se salían de su curso provocaban graves daños y que debían ser utilizados con sabiduría y dominados mediante el esfuerzo. A lo largo del Tigris, el Éufrates y los ríos menores comenzó a desarrollarse una red de canales, cada vez más profundos y grandes, más numerosos y largos, que era necesario cuidar, reparar y perfeccionar. Tan sólo una abundante mano de obra podía llevar a cabo esta labor desmesurada pero vital. Fue de este modo que el edén en torno a los ríos fue convirtiéndose progresivamente en "paraíso".
 
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