Severo
Lucio Septimio (Lucius Septimius Severus) (146-211). Emperador romano. A la muerte de Pértinax, la aclamación de Didio Juliano como "emperador" fue ratificada por el Senado con recelo. Pocos días después llegó a Roma la noticia de que las legiones de Pannonia habían proclamado "imperator" a Septimio Severo, no más tarde del 9 de abril, quien contaba además con el apoyo de las tropas de Mesia y también de Germania. Severo, antes de llegar a Italia con sus tropas, había conseguido el apoyo de gran parte del Senado e incluso de los pretorianos, que se apresuraron a solicitar clementia por su actuación contra Pértinax unos meses antes. En tales circunstancias Didio Juliano tenía los días contados, muriendo el 1 de junio de aquel mismo año a manos de un soldado. Aunque Severo se presentó armado ante la Curia, sus poderes fueron ratificados sin dificultad por los senadores, a quienes prometió no ejecutar sentencias contra ellos sin juicio previo. Disolvió las cohortes pretorianas que amenazaban la estabilidad del poder imperial, reduciéndolas a un cuerpo de guardia personal, y se ganó el fervor popular mediante sucesivos congiaria. Para ello fue necesario rehabilitar la memoria de Pértinax, que fue incluso declarado divus por el Senado, y de sus predecesores "Antoninos" de Nerva a Cómodo, de quienes se declaró heredero de su inmenso patrimonio familiar. Fue preciso entonces separar de nuevo la fortuna personal del emperador (antes patrimonium, ahora res privata) de los bienes públicos pertenecientes al patrimonio, propiamente dicho, del Estado. A aquélla, y no a éste, irían a parar en adelante los bienes confiscados por razones políticas y los tesoros procedentes de los antiguos reinos clientes de Roma. Como en la época de Augusto, el emperador volvió a ser el "primer propietario" del Imperio, pero esta medida era ya insuficiente para intervenir decisivamente una economía mucho más desarrollada y compleja que dos ss. antes. Lucio Septimio Severo, de origen africano, natural de Leptis Magna, en Tripolitania, pertenecía a una rica familia escindida en dos ramas: una africana, ecuestre, a la que pertenecía el padre de Lucio, Lucio Septimio Geta, con una amplia experiencia en la administración municipal, y otra itálica o emigrada a Italia, a la que sin duda pertenecía el cónsul del 158 Cayo Septimio Severo y procónsul de África en 173-174, quien introdujo a Lucio en la carrera política y aconsejó a Marco Aurelio su acceso al Senado. Cuestor en Roma en 170, alcanzó la pretura en 178 tras haber desempeñado algunos cargos en Hispania y Sardinia; legatus iuridicus Asturiae et Gallaeciae, consiguió en 180 el mando de la Legio IV Scythica cuando era Pértinax gobernador de Siria. En estos años, probablemente en 185, se casó con Julia Domna, miembro de una noble familia siria de Emesa que monopolizaba el sumo sacerdocio de la ciudad, que daba culto a Baal en el santuario de El Gabal (o dios de las alturas), donde se encontraba el "betilo" o piedra sagrada. Esta familia siria llegó a tener tanta influencia que proporcionó dos emperadores a Roma en tan sólo cinco años, de 217 a 222, que se consideraron miembros de la dinastía severiana. De regreso a Roma Severo fue enviado como legado a la Galia Lugdunense en 188 y alcanzó el consulado en 190, poco antes de que el prefecto Laeto consiguiera de Cómodo que le asignara el gobierno de la provincia de Pannonia al mando del poderoso ejército danubiano, y que le proclamaría "imperator" en Carnuntum (cerca de Hamburgo) a la muerte de Pértinax. Severo se convertía así en el primer emperador de origen plenamente provincial en cuanto que sus antepasados no eran ya itálicos sino indígenas romanizados. No obstante, el primer problema que tuvo que afrontar Severo fue una cruenta "guerra civil" que ocupó buena parte de la actividad política de los cuatro primeros años de reinado. En efecto, Níger había conseguido el apoyo de las principales ciudades orientales a su causa mientras que Albino amenazaba desde Occidente con una nueva usurpación. Mediante una hábil estrategia política Severo otorgó al legado de Britannia, Clodio Albino, el título de "caesar" y poco después fue propuesto para compartir el consulado con el emperador en 194. Con estas previsiones Severo pudo marchar a Oriente al encuentro de las tropas leales a Níger. Tras varias confrontaciones en Bizancio, Issos y Antioquía, Severo fue reconocido en Oriente en abril del 194. A la victoria siguieron confiscaciones masivas de las propiedades de los partidarios de Níger, que vinieron a engrosar los fondos de la res privata imperial. La inestable situación oriental había permitido la infiltración del rey parto Vologese IV en territorio romano, quizá como colaborador de Níger, a quien más tarde acogió huyendo de Severo. El restablecimiento de la frontera romana en esta área no se consolidó, pero a la espera de una segunda campaña contra los partos la provincia de Siria fue dividida en dos: Celesiria (al norte) y Siria fenicia (al sur), aunque la organización definitiva del área oriental no se produciría hasta finales del 197, después de haberse desembarazado de Albino, su rival en Occidente. Como el propio Severo, Clodio Albino era de origen africano, miembro de una familia senatorial de Hadrumetum. Desde que Cómodo le había confiado el mando de las tres legiones de Britannia, Albino tenía en sus manos el control de las provincias occidentales del Imperio, en las que contaba con numerosos partidarios y, lo que era más importante, con el apoyo de gran parte del Senado. Por eso la decisión de Severo de proponerlo como presunto heredero con el título de "caesar" fue bien acogida tanto por el grupo senatorial africano como por los senadores de origen galo e hispano, muy numerosos ya en los gobiernos anteriores y que vieron en él la garantía de sus intereses provinciales. Pero el "círculo africano" incluía además a un gran número de funcionarios ecuestres que cumplían sus servicios al Estado en el ejército y la administración. Gozando de apoyos similares la rivalidad entre ambos se convertía fácilmente en lucha recíproca por mantener sus respectivas posiciones de poder. Tras un breve intervalo, el peligro de "guerra civil" amenazaba de nuevo. Una vez más Severo parece haberse adelantado a los planes de Albino declarándole hostis publicus, a finales del 195, poco antes de que éste fuera proclamado "augusto" en Britannia en enero del 196, estableciendo su sede en Lugdunum. Paralelamente, en abril de este mismo año Severo proclamó "caesar" a su hijo Bassiano, en Viminacium, en Mesia, a su regreso de Oriente, quien significativamente tomó el nombre de "Marco Aurelio Antonino", conocido sobre todo por su cognomen como "Caracalla", del nombre de una pieza de la indumentaria militar (el caracallus). La ausencia de Severo y el apoyo de un nutrido grupo de senadores, no menos de sesenta, proporcionaron a Albino una sólida posición política, reforzada con el poder estratégico de tener bajo su control las provisiones de la annona militaris, particularmente el aceite bético destinado al abastecimiento de las legiones de Germania. Por su parte, Severo contaba con el apoyo incondicional de las legiones danubianas que le habían encumbrado al poder y la experiencia de grandes generales en su ejército. La confrontación entre ambos cerca de Lyón se saldó con victoria severiana en febrero del 197. Pero esta vez la derrota de los adversarios fue ejemplarmente castigada: veintinueve senadores fueron ejecutados "sin esperar a la aprobación del Senado". A numerosos partidarios de Albino en Galia e Hispania se les confiscaron todas sus propiedades. Para evitar futuros levantamientos el territorio de Britannia fue dividido en dos provincias (Superior e Inferior). Finalmente, desafiando al resto del Senado, hizo desaparecer la damnatio memoriae de Cómodo, a quien rehabilitó hasta conseguir ser consagrado divus por el Senado y asumió el título de "hermano del divino Cómodo" dispuesto a reimplantar la línea de sucesión dinástica de sus predecesores. A tal efecto, en 198 elevó a "augusto" a Caracalla, mientras que su otro hijo, Geta, era proclamado "caesar". Pero desde finales del 197 los asuntos orientales exigieron de nuevo la presencia del emperador, quien con sus dos hijos y su esposa, Julia Domna, permanecería fuera de Roma hasta marzo del 202. El objetivo era completar la iniciada campaña contra los partos, pero la estancia en estas tierras fue aprovechada para realizar importantes reformas administrativas en la frontera oriental: el reino de Osroene y los territorios de Mesopotamia arrebatados al rey parto fueron convertidos en provincias romanas, esta última al mando de un procurator ecuestre. El mando de algunas legiones orientales pasó también a praefecti de rango ecuestre siguiendo el modelo de Egipto. También Arabia fue recuperada definitivamente como provincia romana. A su regreso a Roma a comienzos del 202 las salutaciones imperiales proclamaban a Severo con títulos de victoria tales como Parthicus, Adiabenicus et Arabicus, emulando a su ficticio progenitor Trajano. La breve estancia en Roma fue aprovechada para celebrar los decennalia del emperador y obsequiar con un importante donativum de 10 áureos per cápita a la plebe urbana. El invierno del 202-203 lo pasó Severo en África, su tierra natal, visitando varias ciudades (Leptis Magna, su ciudad de origen; Lambaesis, donde estaba estacionada la Legio III Augusta, y Cartago, entre otras), a las que obsequió con juegos y construcciones públicas. En esta última la aplicación de un discutido "edicto de persecución" le hace responsable de la ejecución de las cristianas Perpetua, de noble familia, y Felícitas, su esclava. Además otorgó a los africanos de Leptis, Utica y Cartago el ius italicum, que les exoneraba de pagar los tributos provinciales, y creó la provincia de Numidia reduciendo el territorio de la Proconsular, cuyo gobierno fue confiado a un praeses ecuestre. Pero el capítulo quizá más innovador y de enorme trascendencia posterior en la obra política de Severo fue el de finanzas. Convertido en el mayor propietario del Imperio gracias a la separación de patrimonium, destinado al fiscus, y res privata, Severo acumuló una inmensa riqueza inmobiliaria extendida por casi todas las provincias del Imperio, que era administrada por un rationalis res privatae y controlada por numerosos procuratores. La fuente primordial de estos bienes fue la confiscación como represalia política, pero también la herencia acumulada durante generaciones por la familia imperial "antonina" constituyó un importante capítulo de la domus divina severiana. No obstante, Septimio Severo, que antes de su carrera militar había cubierto varios cargos civiles (cuestor, pretor, legatus iuridicus) y conocía bien los procedimientos legales de recaudación y expropiación, fue capaz de remontar el angustioso estado de las finanzas a la muerte de Cómodo. Pero el mantenimiento de frecuentes campañas en Oriente y Occidente supuso enormes gastos para el Tesoro estatal aunque, al término de éstas, el patrimonio privado del emperador (res privata) se vio notablemente incrementado. Además, el protagonismo político del ejército fue reconocido y recompensado. Severo elevó de nuevo el sueldo legionario a 500 denarios anuales de los 300 recibidos todavía bajo Marco Aurelio o los 375, quizás ya pagados por Cómodo. Esto suponía una subida considerable, pero apenas salvaba la progresiva devaluación del denario que redujo al 50 % su contenido en plata, sin que por ello variara significativamente su peso ni se modificara su valor nominal. La inflación, iniciada ya desde el reinado de Cómodo, se aceleró favorecida por la gran cantidad de emisiones, sólo entre 194 y 197 se constatan más de 500 tipos monetales, exigidas para financiar las guerras de la época y mantener a 33 legiones en el ejército, además de 10.000 pretorianos en Italia, 7.000 vigiles en Roma, 6.000 urbaniciani y 1.000 Equites Singulares Augusti que con los 6.000 soldados de la nueva Legio II Parthica, estacionada en Italia, cerca de Roma, dependían directamente del emperador. Por ello en la historiografía se conoce este modelo de gobierno como "monarquía militar". Para garantizar el abastecimiento de este contingente de más de 200.000 hombres armados, cuyo control constituía una garantía para la estabilidad del régimen, Severo adoptó varias medidas. En primer lugar, se procuró el dominio directo de las regiones productoras (especialmente Egipto, Hispania y África). En segundo lugar, potenció una contribución extraordinaria ya existente desde Marco Aurelio, la llamada annona militaris, que obligaba a todos los provinciales, y no sólo a las provincias y ciudades visitadas por el ejército, a contribuir a su mantenimiento. En fin, incrementó notoriamente la administración financiera del Imperio con la creación de unos 50 nuevos puestos de procuradores imperiales. El error quizá fue creer que con su eficaz gestión podía salvarse la economía del Imperio, con los territorios devastados por las guerras y diezmadas las aristocracias provinciales. Campesinos y comerciantes vieron disminuir progresivamente su poder adquisitivo frente al que en su respectivos ámbitos tenían los conductores y procuratores de los dominios imperiales y los navicularii que prestaban servicios de transporte al Estado. Esta estatalización de la economía redundó en perjuicio de las economías particulares, sobre todo de los estratos sociales medios que soportaron el "costo social de la inflación". En las ciudades se produjo un desarrollo del fenómeno asociativo (collegia) que acabó reemplazando en su función económica y política a las oligarquias tradicionales. Del 204 al 208 la familia imperial permaneció en Roma. En 205, el poderoso prefecto del pretorio Plautiano, también africano y suegro de Caracalla, fue ejecutado como cabeza de una conspiración contra el emperador. Todavía en 208 Severo y sus hijos se trasladaron a Britannia, donde los caledonios habían roto la frontera septentrional de la isla y ocupado parte del territorio. Hizo elevar una muralla entre el Forth y el Clyde para contener estas invasiones. Desde la base de Eboracum (York) el emperador dirigió las operaciones militares en las que Caracalla consiguió éxitos importantes. También allí Geta fue reconocido "augusto" en 209. Pero el 4 de febrero del 211, aún en York, Septimio murió, no sin antes dar un consejo premonitorio a sus hijos: "tened satisfechos a los soldados y olvidaros del resto". Una vez más la estabilidad del Imperio dependía del control del ejército, pero en particular como se demostraría poco después de la adhesión de los altos mandos militares. Durante su reinado la religión se abrió a las corrientes orientales (templo de Serapis en el Quirinal), evolucionando hacia el sincretismo. El derecho se uniformó y se humanizó bajo la influencia de los grandes jurisconsultos (Papiniano, Paulo, Ulpiano). En Egipto un profundo movimiento intelectual resucitó el platonismo. También llegaron a mezclarse el cristianismo y el gnosticismo.

