Severo Alejandro
(Marcus Aurelius Severus Alexander Caesar) (208-235). Emperador romano que reinó del 222 al 235. Nació en Arca Caesarea (Siria). Originariamente se llamaba Marco Julio Gesio Alexiano Bassiano (Marcus Iulius Gessius Bassianus Alexianus) y era hijo del procurador sirio Gesio Marciano y de Julia Avita Mamea. Fue adoptado en el verano del 221 por su primo, el emperador Heliogábalo, con el nombre de Marco Aurelio Alejandro César. Cuando Heliogábalo murió asesinado, en marzo del año siguiente, el joven de catorce años se convirtió en emperador, añadiendo Severo a su nombre. Severo Alejandro no tenía libertad de acción, sino que estaba controlado por su madre, pero causó una buena impresión por su modestia y educación con los ancianos estadistas, que se convirtieron en personajes influyentes en su gobierno. Dión Casio, un anciano senador, y otros como él fueron reclutados para formar parte de un Consejo de Estado que asesorara al emperador y a su madre. Dión desempeñó un consulado en el 229 con Alejandro, pero tuvo que ejercer su cargo fuera de Roma por la amenaza del cuerpo de guardia, que en el 223 había asesinado a Ulpiano, designado prefecto del pretorio por Alejandro y su madre. Tuvo que enfrentarse con el cabecilla de los asesinos, Epagato, mediante un subterfugio, enviándolo como prefecto a Egipto, pero a continuación conduciéndolo a la muerte en Creta. Alejandro se casó en el 225 con una hija de Cneo Seyo Herenio, pero tuvo que deshacerse de ella en el 227 cuando Seyo trató de derrocarlo. La personalidad de Severo Alejandro es, en muchos aspectos, la antítesis de la de su antecesor Heliogábalo, por lo que ambas imágenes pueden no ajustarse a la realidad, sobre todo si se tiene en cuenta que las tres fuentes principales para su reinado (Dión Casio, Herodiano e Historia Augusta) no aportan testimonios coincidentes. En la primera, aunque breve para esta época, la misma que vivió el autor, pues Dión Casio fue cónsul en 229, trasciende la incertidumbre política del momento si, como se sostiene ahora, el libro L II de la Historia Romana, en el que se recoge un debate entre Mecenas y Agripa, constituye una extrapolación deliberada de los problemas y soluciones a la crisis de época severiana. En la segunda, Herodiano, un poco posterior, proyecta en cambio una imagen bastante crítica del gobierno de Alejandro, destacando su afán en rehabilitar la institución senatorial para ocultar su incapacidad militar. La tercera, la Historia Augusta, dedica una extensa Vita a este emperador, cuyo reinado es considerado como modelo de buen gobierno imperial. Probablemente ninguna de las tres fuentes es imparcial, porque la documentación oficial permite extraer la imagen de un "gobernante mediocre" que supo arropar sus decisiones en sus respectivos prefectos del pretorio, muchos de ellos excelentes jurisconsultos: Ulpiano, Paulo, a los que otorgaría ornamenta senatoria, es decir, el rango de "senadores honoríficos", o en órganos creados por él mismo, como el nuevo consilium de 16 expertos senadores frente al mixto consilium principis severiano de 70 miembros, integrado por representantes del Senado y del ordo ecuestre. De todos modos Alejandro no intentó proseguir la tentativa religiosa de su predecesor e incluso su talante conciliador le permitió establecer relaciones con importantes ideólogos cristianos de su tiempo (Hipólito, Orígenes, Julio Africano) después de que hubiera devuelto a Emesa el "betilo" de El-Gabal. Pero como digno continuador de la política de Severo, Alejandro pretendió también afianzar sus reformas administrativas nombrando a ecuestres para los gobiernos de algunas provincias hasta entonces reservadas a senadores, lo que provocó una reacción senatorial, primero, y más tarde el amotinamiento del ejército insatisfecho con la política militar del emperador. No obstante, los dos frentes de su política exterior (el renano-danubiano y la frontera oriental) fueron controlados. En Oriente, la tradicional amenaza pártica dejó paso al expansionismo persa hacia el Oeste en el momento en que la dinastía arsácida era reemplazada por la sasánida. Si el éxito de la campaña imperial contra el persa Ardashir en 231-232 es discutible, dependiendo de la fuente que se utilice (favorable, en la Historia Augusta; negativo, en Herodiano) a pesar de que dicha campaña ha sido utilizada tradicionalmente en la historiografía para demostrar que el "modelo" de gobernante seguido por éste era el de Alejandro Magno, el fracaso en el limes renano contra los alamanes en 234-235 llevó al emperador a entablar negociaciones con los bárbaros que evitaran el enfrentamiento. Esta actitud de Alejandro, asesorado por su madre, produjo un profundo malestar en el ejército que culminó en el asesinato de ambos en marzo del 235 a manos de un oficial de origen tracio llamado Maximino. Con esta acción se cerraba una dinastía que había mantenido a duras penas el gobierno del Imperio durante más de cuarenta años y se abría una nueva época, la de los "emperadores-soldados", también llamada de "anarquía militar" aunque, lógicamente, no todos ellos lo fueran en el momento de su acceso al trono ni tampoco existiera en ningún momento un auténtico vacío de poder.

