Valeriano
Publio Licinio (Publius Licinius Valerianus) (190-269). Emperador romano del 253 al 260. Con Valeriano el poder imperial volvía a recaer en un representante de la tradicional aristocracia senatorial romana, que, en las últimas décadas, había sido desplazada del trono por la iniciativa de los viri militares. Valeriano había seguido una intensa carrera civil y militar hasta alcanzar los más altos puestos de responsabilidad del Estado al servicio de Decio y Treboniano Galo. Precisamente, las tropas reunidas por él para ayudar a Treboniano a acabar con la sublevación de Emiliano le proclamaron emperador cuando se supo la noticia de la muerte de aquél. Los acontecimientos de su reinado son especialmente oscuros, porque el Imperio padeció varias graves amenazas externas que colapsaron casi la administración y el gobierno. Tenía ya muchos años cuando accedió al trono, por lo que propuso a su hijo Galieno como "Augusto" en otoño del 253 y estableció una primaria división del Imperio, en virtud de la cual asignaba a su hijo la defensa de Occidente mientras que él se ocuparía directamente de los asuntos orientales. La situación política de Oriente era caótica, porque además de levantamientos internos, como el de Uranio Saturnino en Emesa, los persas habían penetrado ya en Siria y amenazaban con desplazarse hasta el Mediterráneo. Los problemas más serios procedían de los pueblos germanos, singularmente los godos, que ca.256 asolaron Bitinia y conquistaron muchas de sus ciudades más importantes; una segunda incursión unos años más tarde, llegó hasta Éfeso y las ciudades de la Jonia. En gran medida, esta debilidad se debía a que la mayor parte de las tropas de la parte Oriental del Imperio estaban concentradas en la frontera del Éufrates, donde Ia agresividad de Sapor amenazaba continuamente a Siria. Aunque al principio el emperador logró imponerse a los persas en Antioquía, no pudo mantener dos frentes abiertos en Asia sin posibilidad de recibir refuerzos, puesto que casi todas las tropas fronterizas se mantenían en accion. A pesar de la presencia de Valeriano en la frontera amenazada, poco se pudo hacer para evitar la caída de lugares como Dura-Europos (256) o Antioquía. En un combate cerca de Edesa (260), en Osroene, fue derrotado y apresado por los persas sin que su hijo Galieno, en Occidente, hiciera nada por rescatarlo del enemigo a pesar de que fue humillado ante el vencedor Sapor I y obligado a realizar la "proskynesis" en su presencia como si de un súbdito cualquiera se tratara. Se desconoce qué pudo pasar con su persona en años posteriores. Entretanto, Galieno, ayudado por sus hijos Valeriano iunior, primero, y desde mediados del 258 por Salonino, a duras penas conseguía detener la avalancha bárbara (francos y alamanes del Rhin; godos, carpos, cuados y marcomanos en la frontera danubiana) mientras que en el interior resurgían con mayor fuerza las usurpaciones: Ingenuo en Pannonia y Regaliano en Mesia, en 259; Póstumo en la Galia, en 260; en fin, Aureolo en Italia, en 268. La situación oriental no era menos confusa desde que en ausencia de Valeriano las tropas habían proclamado "emperadores" a Macriano y Balista, sus máximos colaboradores, y poco después a los dos hijos de Macriano, uno de los cuales murió en Iliria y el otro fue derrotado por el nuevo valedor de Oriente, el príncipe Odenato de Palmira. Valeriano había promulgado dos edictos de persecución contra los cristianos en 257 y 258 que crearon desconcierto en la creciente comunidad cristiana. Pero probablemente tales medidas fueron dictadas menos por razones ideológicas que económicas, puesto que el objetivo común en todos los casos era la confiscación de bienes, de la Iglesia y de los cristianos que se negaran a realizar sacrificios, con penas que iban desde la deportación hasta la muerte, según la condición social del encausado y su cualificación en la jerarquía de la "sociedad eclesiástica". Víctimas de esta persecución fueron las "cabezas" de la cristiandad de la época: Cipriano, obispo de Cartago; Sixto II, obispo de Roma, y Fructuoso, obispo de Tarragona, entre otros. Ver, Galo, Cayo Vibio Treboniano.

