Galieno
Publio Licinio Egnacio (Publius Licinius Egnatius Gallienus) (ca.218-268). Emperador romano, hijo de Valeriano. Fue asociado al trono por su padre tras su ascenso al poder en el 253 y nombrado augusto para defender el Rhin y la parte occidental del imperio mientras su padre se enfrentaba a los persas. Del 254 al 260 libró una serie de batallas victoriosas contra los germanos, frenando finalmente en Milán una invasión de Italia por los alamanes. En el 259, los godos conquistaron y se apropiaron brevemente de Bizancio, dedicándose a la piratería y a la guerra naval. Galieno no pudo hacer nada para ayudar a su padre en el 260 cuando fue capturado por el rey persa Sapor I, un hecho que desestabilizó el imperio y obligó a Galieno a hacer frente a las invasiones y a los usurpadores. Estos últimos fueron llamados humorísticamente los "treinta tiranos" por la Historia Augusta del siglo IV. Desde el 260 Galieno fue el "único emperador" legítimo. La muerte del "césar" Salonino a manos de sus soldados dio la oportunidad a Póstumo, Marco Casiano de declarar independiente un "Imperio" que con centro en la Galia abarcaba también Britannia e Hispania. Galieno fue incapaz de expulsar a Póstumo y en el 264 había reconocido tácitamente su posición como gobernante de Occidente. El aliado más poderoso de Galieno fue Publio Septimio Odenato, rey clientelar de Palmira, Siria, que trabajó a fondo para mantener a raya el este, mientras Galieno acababa con las rebeliones de Ingenuo en Mesia y Regaliano, en Pannonia. En el 260, Odenato frenó la invasión de Asia Menor por Sapor, sorprendiéndolo él mismo en el interior de Mesopotamia, y en el 264, Odenato recuperó Mesopotamia y desbarató una conspiración en Siria de dos oficiales, Macriano y Ballista, que intentaron reemplazar a Galieno por los dos hijos de Macriano (Ver, Macriano, Quieto Fulvio Julio). Como consecuencia de ello, Galieno le concedió el título de Dux Orientis y lo nombró rey de Palmira. Una de las primeras medidas tomadas por Galieno fue promulgar un edicto de tolerancia que permitía la libertad de cultos en el Imperio. Galieno abandonó las persecuciones a los cristianos que habían caracterizado el imperio de su padre Valeriano. Galieno era de la opinión de que al cristianismo había que vencerlo con medios intelectuales; de ese modo, se rodeó de un círculo de filósofos e intelectuales representantes del neoplatonismo con los que creó una corte ilustrada cercana al poder: entre estos estudiosos destacaba Plotino, que fue amigo personal del emperador. En el ámbito administrativo Galieno fue también uno de los grandes reformadores del siglo III. En su obra política destaca el edicto del 261 (o ahora 262), por el que "se prohibió a los senadores seguir la carrera militar" y, en consecuencia, se les privó del gobierno de provincias con tropas. En correspondencia con esta medida, los "legati legionis" senatoriales fueron sustituidos por "praefecti legionis" ecuestres y los gobernadores provinciales serían progresivamente reemplazados por "praesides o agentes vice praesidis" de este rango. La conflictiva situación en las fronteras aconsejaba estos cambios y una reforma estructural del ejército con vistas a una mayor eficacia en sus acciones: dotó a las ciudades del interior de guarniciones militares (vexillationes) separadas de las tropas legionarias y promocionó la caballería con nuevas dotaciones especializadas. Aun así, la situación política llegó a ser agobiante: usurpaciones, bárbaros, levantamientos provinciales, conspiraciones. En estos años de incertidumbre las emisiones monetales aumentaron de tal modo que el denario llegó a tener tan sólo el 5 % de su contenido en plata. En el 267, Odenato fue asesinado antes de que pudiera repeler el ataque de los godos y hérulos contra Grecia, que fueron detenidos por un jefe local, Dexipo. Zenobia, su esposa, y su hijo Vabalato se declaran también "independientes". Desde el 265 los godos de Asia y los Balcanes se dirigen hacia Occidente, siendo detenidos en Mesia por el propio emperador. Todavía en 267, M. Acilio Aureolo, magister equitum, se proclama "emperador" en Milán, siendo reducido por Galieno poco después. Pero al año siguiente el emperador no pudo escapar a una conspiración urdida en el seno de su propio "consejo" de colaboradores, del que formaban parte Claudio y Aureliano, futuros emperadores. Tres problemas dejaba sin resolver Galieno: los godos, la moneda y los imperios independientes, a los que se pondría freno en los reinados de sus inmediatos sucesores. En una época brutal de angustias y dificultades, la figura de este emperador, filósofo y humanista, reformador y pragmático, que no dudó en enfrentarse al conservadurismo arcaizante de las élites tradicionalistas y aristocráticas, se alza por encima de la imagen negativa, transmitida por sus enemigos: senadores rencorosos, rudos generales semibárbaros y, en fin, cristianos, a cuya fe quiso enfrentarse con la razón. Ver, Valeriano.

