Tácito
Marco Claudio (Marcus Claudius Tacitus) (siglo III). Los meses siguientes a la muerte de Aureliano fueron de gran incertidumbre política y el Imperio vivió una especie de interregnum, pues ni ejército ni Senado propusieron un sucesor. Por fin los senadores proclamaron a Claudio Tácito de origen itálico, que había ejercido varias veces el consulado. Las circunstancias favorecieron así el retorno a una práctica anacrónica, que necesariamente sólo podía ser de breve duración. Los soldados recibieron un donativum y Aureliano fue consagrado divus. Su hermanastro Annio Floriano fue nombrado prefecto del pretorio y Aurelio Probo, colaborador de Aureliano, fue encargado de la defensa de Oriente con el título de dux Orientis. La Historia Augusta, representante de la tradición senatorial, ha dejado de Tácito una imagen retórica y lo ha idealizado, sin razón, como restaurador de la libertad. Los hechos prueban que no hubo cambios sustanciales: la defensa del Imperio continuaba siendo la tarea esencial, y Tácito, a despecho de su edad y de su carrera civil, hubo de ponerse a la cabeza del ejército. Cónsul en 276, viajó a Oriente para combatir contra los godos de Asia pero en Tiana, en Capadocia, murió después de una victoria, probablemente víctima de un complot militar o de una venganza privada.

