Diocleciano

Gaio Valerio Aurelio (Caius Valerius Aurelius Diocletianus) (ca.245-313). La llegada de Diocleciano al trono en noviembre del 284 puso fin a casi un siglo de inestabilidad en la vida política y social del Imperio. Ya durante las últimas décadas la normalidad constitucional se había restablecido parcialmente y el emperador Caro, su inmediato predecesor, pretendió incluso instaurar de nuevo una dinastía asociando al poder a su hijo Carino, como César en Occidente, mientras él y su hijo menor, Numeriano, marchaban a Oriente a combatir contra los persas acompañados de sus más directos colaboradores. En su séquito se encontraba un jefe militar de origen ilirio oriundo de Salona (Split), en Dalmacia, a la sazón jefe de los domestici, un cuerpo especial encargado de velar por la defensa personal del emperador. De su carrera política anterior apenas han quedado testimonios fiables. La Historia Augusta, obra compuesta a finales del siglo IV y que excluye ya la Vita de este emperador, menciona a Diocleciano en 17 ocasiones, si se exceptúa la Vita Cari, en la que con frecuencia se le relaciona con los hechos que precedieron la muerte de este emperador y de su hijo Numeriano. Otros datos biográficos se encuentran en autores tardíos como Zósimo y Zonaras, pero muy pocos y tendenciosos en los textos contemporáneos de su época, se trate de los Panegíricos o de las referencias moralizantes de Lactancio. No obstante, se puede admitir que Diocleciano o, mejor dicho, Valerio Diocles, su nombre antes de llegar al trono imperial, realizó una carrera política similar a la de los afortunados viri militares del período. En un contexto de continuas rivalidades políticas y frecuentes usurpaciones de poder, contar con el apoyo del ejército o el de alguno de los cuerpos especiales de defensa era decisivo para concluir con éxito una estrategia de toma del poder. En otros casos, circunstancias fortuitas dieron la oportunidad a algunos generales de convertirse en emperadores al verse aclamados por sus tropas. Si, como ocurrió a Diocles, ambos procesos concurrían en una misma persona, resultaba más pragmático asumir la nueva situación que inhibirse de ella sin que su culpabilidad en los hechos fuera al menos cuestionada. Si además, como es el caso, se trataba de un jefe militar, experiencias anteriores habían demostrado que el "lenguaje" de las armas no siempre era eficaz, sobre todo si éste no iba acompañado de una adecuada estrategia. En efecto, Valerio Diocles, de origen incierto, había servido como soldado en el ejercito de Aureliano y Probo, condición que, según la Historia Augusta aun no había perdido bajo el reinado de Caro. Esta misma fuente menciona su estancia en la Galia, pero sólo parece cierto su mando militar como dux Moesiae, atestiguado en fuentes tardías (Zonaras), donde también es mencionado como "comes domesticorum", esto es, jefe del cuerpo de los protectores en 284. Menos probable incluso es el consulado sufecto del 283 que algunas fuentes le atribuyen. Muerto en batalla Caro, el emperador reinante, el regreso victorioso de Numeriano, su hijo, significaba la recuperación de la sucesion dinástica perdida durante décadas en la política de los últimos emperadores ilirios. Pero la muerte inesperada de éste fue aprovechada por Diocles para cuestionar al menos la legitimidad del nuevo "augusto" en Roma: Carino. Implicando hábilmente al prefecto del pretorio Arrio Aper en el presunto asesinato de Numeriano, Diocles pudo a la vez deshacerse de aquél y aparecer ante el ejército como vengador de la ofensa a un legítimo sucesor del trono imperial. Aclamado por los soldados en Calcedonia, no reclamó en cambio la ratificación del Senado romano e hizo coincidir su comienzo de reinado (dies imperii) con la aclamación militar. Como lo habían hecho otros emperadores, a su llegada al trono cambió su nombre por el de Cayo Valerio Diocleciano, al que añadiría el gentilicio "Aurelio" algunos años después. No obstante, de momento respetó la institucionalidad vigente al aceptar el consulado con Aristóbulo para el año siguiente, que había sido, o era todavía, ese mismo año prefecto del pretorio de Carino y lo fue después de Diocleciano, tras el enfrentamiento entre ambos emperadores en la batalla del río Margus, en Mesia (Moravia), en la primavera del 285. La muerte de Carino, víctima de una conspiración militar unos meses después, convirtió a Diocleciano en único emperador. Pero no por ello trasladó su residencia a Roma, ciudad que ni siquiera visitaría hasta el vigésimo año de reinado con motivo de la celebración oficial de sus vicennalia a finales del 303. Al contrario, mantuvo su sede imperial en Nicomedia rompiendo abiertamente con una secular tradición. Quizá por recomendación de Diocleciano, quizá por las reticencias del Senado al nuevo régimen, tampoco Maximiano, el nuevo emperador de Occidente desde el 286, fijó su residencia en Roma sino en Mediolanum (Milán), ciudad que ya había sido utilizada eventualmente por el emperador Galieno por razones militares. Sin duda, la mayor proximidad de ésta a las líneas de defensa fronteriza influyó también en la elección de este enclave como la nueva sede imperial en Occidente. Por otra parte, Diocleciano parecía decidido a compartir el trono con Maximiano, elevado a "augusto" tras sofocar con éxito las revueltas del campesinado galo e hispano organizadas por presuntos grupos bagáudicos. Pero la diarquía (286-293) resultó ineficaz ante la inminente ruptura de la unidad imperial iniciada en Britannia por la rebelión de algunos jefes militares romanos: Carausio, primero; Alecto, más tarde. Incapaz Maximiano de resolver por sí solo el conflicto planteado, Diocleciano, presionado por las circunstancias, decidió libremente o más bien se vio obligado a constituir una "tetrarquía", con cuatro emperadores, en la primavera del 293. Ambos "augustos" decidieron nombrar a sus respectivos "césares". La elección recayó en Constancio para Occidente y Galerio para Oriente, ambos también de probada experiencia militar. Flavio Valerio Constancio, el padre del futuro emperador Constantino, más tarde conocido como Constancio "Cloro", había sido miembro del cuerpo de protectores, tribuno y dux bajo el reinado de Probo. También está atestiguado como praeses de Dalmacia. Por su parte, Cayo Galerio Valerio Maximiniano, generalmente conocido como Galerio, había servido en los ejércitos de Aureliano y Probo, aunque se desconocen cargos anteriores a su nombramiento; ambos también eran de origen ilirio como Diocleciano y Maximiano. Además, las nuevas residencias imperiales en Tréveris y Sirmium (y Tesalónica), muy próximas a las fronteras renana y danubiana, respectivamente, apuntan hacia una solución militar de la delicada situación política en que el Imperio se encontraba de nuevo. Por esta razón la Tetrarquía no implicaba un reparto territorial en cuatro áreas de gobierno, sino tan sólo una distribución de funciones gubernativas, civiles y militares. Pero se mantuvo la unidad del poder imperial, cuya autoridad se ejercía en nombre de los cuatro emperadores. Aparentemente entre ellos reinaba la concordia, aunque existía una clara jerarquización, que en la simbología política se tradujo en una especie de filiación divina: Iovius para Diocleciano y Galerio, y Herculius para Maximiano y Constancio, como descendientes de Júpiter y Hércules, respectivamente. No obstante, esta teología política era tan sólo un elemento del complejo sistema tetrárquico. Otros elementos eran más ostensibles. Entre los emperadores existía un vínculo de adopción, de Maximiano por Diocleciano, primero, y de los "césares" por los "augustos", después, por lo que todos ellos incluyeron en su onomástica el gentilicio Valerius. Esta familia política fue también reforzada con lazos de sangre mediante una calculada política de separaciones y uniones matrimoniales, en virtud de las cuales los nuevos césares se casaron con las hijas de sus respectivos augustos. No obstante, Diocleciano mantuvo una posición de privilegio como senior Augustus, razón por la que puede decirse que la "tetrarquía" existía sólo en teoría. A pesar de ello, durante diez años (293-303) la puesta en práctica de este nuevo sistema proporcionó al Imperio una relativa estabilidad política. Constancio recuperó Britannia, Maximiano reprimió levantamientos provinciales en África, Diocleciano acabó con un usurpador en Egipto, mientras que Galerio pudo incluso vencer a los persas. Diocleciano, a instancias de Galerio, inició una cruel persecución contra los cristianos. Trató de simplificar y unificar en todas partes la administración, la justicia y los impuestos, reformas que desembocaron en el desarrollo de la burocracia, ya iniciada por Adriano. El conjunto del Imperio, comprendida Italia, estaba dividido en 51 provincias, más reducidas que las antiguas y estrechamente vigiladas por los representantes del poder central. La autonomía municipal, respetada hasta este momento, desapareció poco a poco; las cargas se hicieron más pesadas, se acentuó la injerencia del Estado en todos los dominios. La situación económica se agravó de tal manera que se hizo imprescindible adoptar medidas drásticas para frenar la inflación. Se orientalizó el ceremonial de la corte (prosternación o proskýnesis). Enfermo, abdicó el 1 de mayo del 305, al mismo tiempo que Maximiano, y se retiró a su palacio de Spalato, en Dalmacia, en el que murió el año 313. Estuviera o no previsto desde el principio, la originalidad sin precedentes del sistema político tetrárquico radica en su propia renovación. En 305, Diocleciano en Nicomedia y Maximiano en Milán abdicaron simultáneamente en favor de sus respectivos "césares", ahora elevados a "augustos", que nombrarían a su vez nuevos "césares": Galerio a Maximino Daya, Constancio a Severo, dejando deliberadamente a un lado a Majencio, hijo de Maximiano, y a Constantino, bastardo de Constancio Cloro, lo que fue la causa de sus inmediatos enfrentamientos. Pero la muerte de Constancio en Britannia en julio del 306 precipitó los acontecimientos. Enviado desde Oriente, su hijo Constantino acabaría imponiéndose sobre los tetrarcas y se convertiría de nuevo en único emperador. En el 308, Diocleciano y Maximiano habían tomado parte en la conferencia de Carnunto (en Austria, cerca de Haimburg), en la que Diocleciano trató de restablecer el orden entre sus sucesores. Murió desilusionado por sus disputas. El reinado de Diocleciano marcó un hito, inaugurando un período de mayor estabilidad. Su tetrarquía no resultó permanente, aunque desde entonces hubo siempre más de un emperador al mismo tiempo. Diocleciano reformó tanto la estructura civil como la militar del imperio, tratándolas al inicio como una sola, pero más adelante separando a los oficiales (praesides) que desempeñaban la administración civil. Los cuatro emperadores formaban una especie de comisión ambulante y no tenían adjudicadas áreas determinadas, e incluso entre Maximiano y Diocleciano había una cierta jerarquía: Diocleciano se refería a sí mismo como "Júpiter", y a su colega como "Hércules". Fue devoto de la religión tradicional y persiguió a los cristianos en el 303, probablemente bajo la presión de Galerio. Dividió el imperio en trece grandes unidades llamadas diócesis (dioikeseis), gobernada cada una por un vicario, a excepción de las tres grandes provincias proconsulares Acaya, África y Asia. Cada emperador tenía su propio personal o comitatus (compañeros); se desplazaban según lo requirieran las circunstancias, y las principales sedes del gobierno estaban en Nicomedia, en Bitinia (Asia Menor); en Sirmio, cerca de Belgrado, y en Trier, en Germania occidental. Roma era de menor importancia, y los senadores, en su mayoría, estaban excluidos de los puestos de la administración. El fuerte aumento del tamaño del ejército y el inmenso programa de edificación de fortificaciones en las fronteras condujeron al aumento de los impuestos: tanto las tierras como las personas estaban gravadas y muchos contribuían en especie. Se disparó la inflación y Diocleciano trató de frenarla con un intento fallido de establecer precios máximos. Fracasó también su intento de imponer una única moneda para el imperio. Las reformas comenzadas por Diocleciano fueron llevadas a cabo por Constantino I pero aumentó la pesada carga de los impuestos y con ello su declive económico. Ver, Strata Diocletiana.
 
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