Tacio

Tito Tacio es, en la tradición, el segundo rey de Roma. Es de origen sabino y, más particularmente, de la ciudad de Cures. Es rey de esta ciudad antes de ser designado caudillo por la Confederación sabina formada para vengar el rapto de las mujeres y detener los progresos de la naciente Roma. Sobre los episodios de esta guerra, señalada por la traición y el castigo de Tarpeya, ver este nombre. Tanto Dionisio de Halicarnaso como Propercio sitúan el campamento de Tacio en la depresión que separa el Capitolio del Quirinal, en los alrededores del Comicio. Despues de la reconciliación de los dos pueblos, debida a la iniciativa de Hersilia y de las mujeres sabinas, se acordó que sabinos y romanos formasen un solo pueblo, y que Tacio y Rómulo se repartiesen el poder de la ciudad así formada. Esta ciudad conservaría el nombre de Roma, del de su fundador, pero sus ciudadanos llevarían el de "Quirites", en recuerdo de la patria de Tacio. Este habitaría en la ciudadela del Capitolio; Rómulo, en el Palatino. Este reinado conjunto duró cinco años, durante los cuales se habló muy poco de Tacio. Pero en el quinto año, algunos de sus parientes y compatriotas se pelearon con unos embajadores laurentes que se dirigían a Roma, y, finalmente, les dieron muerte después de haber tratado de robarles. Rómulo quiso castigar este atentado contra el derecho de gentes, pero Tacio pudo salvar a sus parientes. Sin embargo, los amigos de las víctimas atacaron a Tacio en el curso de un sacrificio que los dos reyes ofrecían conjuntamente en Lavinio y lo mataron. A pesar de que Rómulo estaba en su poder, no le causaron daño alguno, antes bien, lo escoltaron hasta Roma, elogiando su justicia. Rómulo condujo a Roma el cadáver de Tacio y le tributó grandes honores, mandando que fuese enterrado en el Aventino, cerca del Armilustrium. Pero no tomó ninguna medida para castigar a los asesinos de su colega. Ciertos autores llegaban incluso a afirmar que, a pesar de que éstos habían sido entregados espontáneamente por los laurentes, Rómulo los puso en libertad, diciendo que la justicia estaba cumplida.
 
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