Cibeles

o Cíbele. Nombre helenizado de Kubila, diosa anatolia de Frigia, llamada con más frecuencia "Gran Madre" o "Gran Madre de los dioses", cuyo símbolo, una piedra negra (betilo), fue llevado de Pesinunte a Roma en el 204 a.C., adoptándose desde entonces su culto. Diosa frigia de la fertilidad, de la tierra y las montañas. Hija del Cielo y de la Tierra, esposa de Saturno, madre de Júpiter, Neptuno, Plutón, etc. Según la leyenda, fue madre o amante de Atis y ambos estaban asociados en el culto que, consistía, en orgías sexuales que se creían necesarias para la fertilidad de la tierra.Tambien se la conoce como la Rea griega. El culto de la diosa Cibeles iba acompañado por instrumentos de viento y de tímpanos o tambores, lo que era contrario a las costumbres romanas. Tenía su templo en el Palatino. Ver, Galli, Megalesias, Betilo. )o( NOTA.- El culto de la frigia madre de los dioses fue adoptado por los romanos el año 204 a.C., hacia el final de la larga lucha con Aníbal. Fueron confortados sus decaídos espíritus oportunamente por una profecía deducida, según se dijo, de aquel fárrago de disparates, los Libros Sibilinos, según la cual sería arrojado de Italia el extranjero invasor cuando trajeran la gran diosa oriental a Roma. De acuerdo con ello, despacharon embajadores a su sagrada ciudad de Pesinunte en Frigia, y la pequeña piedra negra que daba corporeidad a la poderosa divinidad les fue confiada para que la acompañasen en su viaje a Roma, donde fue recibida con gran veneración e instalada en el templo de la Victoria, situado en la colina Palatina. Cuando llegó la diosa, estaba mediado abril, e inmediatamente empezó a actuar, pues la cosecha de aquel año fue como no se había visto en mucho tiempo, y en el siguiente, Aníbal y sus veteranos embarcaron para África. Aunque no se haya dicho, podemos conjeturar que la madre de los dioses trajo consigo a su nuevo hogar del Oeste el culto de su joven amante o hijo. Ciertamente antes de finalizar la república, los romanos estaban familiarizados con los emasculados sacerdotes de Atis, los Galli. Estos seres epicenos, con sus trajes orientales y con sus dijes de imaginería sobre el pecho, eran vistos con frecuencia, al parecer, por las calles de Roma, que recorrían en procesión con la imagen de la diosa y cantando sus himnos al son de tambores y platillos, cuernos y flautas, mientras el público, impresionado por el espectáculo fantástico y excitado por el salvaje estrépito, les daba abundantes limosnas y anegaba a la diosa y a sus porteadores bajo una lluvia de rosas. Se dio un paso más cuando el emperador Claudio incorporó a la religión oficial del estado romano el culto frigio del árbol sagrado, y con él seguramente los ritos orgiásticos de Atis. El gran festival primaveral de Cibeles y Atis es bien conocido tal como se celebraba en Roma, y como estamos enterados de las ceremonias romanas eran también frigias, podemos suponer que debían diferenciarse muy poco o quizá nada de su original asiático. Creemos que el orden del festival era el siguiente: el día 22 de marzo cortaban un pino del bosque y le traían al santuario de Cibeles, donde lo trataban como a una deidad. El deber de acarrear el árbol sagrado estaba adscrito a una congregación de porteadores de árboles. El tronco del árbol era amortajado con bandas de lana y adornado con guirnaldas de violetas, pues se contaba que las violetas habían brotado de la sangre de Atis, del mismo modo que las rosas y anémonas de la de Adonis; después ataban a la mitad del tronco la figura de un joven, indudablemente el propio Atis. El segundo día de la fiesta, el 23 de marzo, se cree que la principal ceremonia consistía en el sonar de trompetas. El tercer día, 24 de marzo, era conocido como el "día de la sangre"; el Archigallo o gran sacerdote se sangraba los brazos y presentaba su sangre como una ofrenda. No sólo él hacía este sacrificio cruento: excitados por la salvaje y bárbara música del chasquido de los címbalos, el redoble de los tambores, los trompetazos de los cuernos y los agudos sones de las flautas, los clérigos de categoría inferior danzaban alrededor con la cabeza zarandeante y tremolando el pelo, hasta que, en rapto frenético de excitación e insensibilizados al dolor, se cortaban el cuerpo con trozos de loza o se acuchillaban con navajas para salpicar el altar y el árbol sagrados con la sangre que brotaba. Probablemente el espantoso rito formó parte del duelo por Atis y puede haberse ejecutado con objeto de fortalecerle para su resurrección. Además, se puede conjeturar, aunque no esté dicho expresamente, que en el "día de la sangre" y con el mismo propósito, los novicios sacrificaban su virilidad. Llegados al pináculo de la excitación religiosa, lanzaban las partes cortadas de ellos mismos contra la imagen de la diosa cruel. Estos rotos instrumentos de fertilidad eran después reverentemente empaquetados y enterrados en el suelo o en las cámaras subterráneas consagradas a Cibeles, donde, lo mismo que la ofrenda de sangre, pueden haber sido considerados como eficaces para llamar a Atis a la vida y adelantar la resurrección general de la naturaleza, que en esos momentos da sus primicias de hojas y flores a la brillante luz primaveral. La historia en la que Atis se mutilaba bajo un pino, según todas las muestras, fue inventada para explicar que los sacerdotes hicieran lo mismo en la fiesta, junto al árbol sagrado enguirnaldado de violetas. Mas, cuando llegaba la noche, la tristeza de los adoradores se convertía en gozo. Súbitamente brillaba una luz en las tinieblas, la tumba se abría, el dios se levantaba de entre los muertos, y cuando el sacerdote tocaba los labios de los llorosos acongojados con el bálsamo, les musitaba suavemente en los oídos la alegre nueva de salvación. La resurrección del dios era saludada por sus discípulos como una promesa de que ellos también saldrían triunfantes de la corrupción de la tumba. En la mañana del 25 de marzo, día considerado como equinoccio de primavera, se celebraba la resurrección divina con una desenfrenada explosión de alegría. En Roma, y probablemente en otras partes, la celebración tomaba el aspecto de un carnaval, la fiesta de la alegría hilaria en la que había un desenfreno general y todos podían decir y hacer lo que les pluguiese. La gente, iba por las calles disfrazada; ninguna autoridad era tan grande ni sagrada que no la pudiera abrogar el más humilde de los ciudadanos. En el reinado de Cómodo, una banda de conspiradores quiso aprovecharse para, vistiéndose con el uniforme de la guardia imperial y mezclándose con el gentío de los parrandistas, poder acercarse en esa guisa al emperador y apuñalarle, pero el complot fracasó. Hasta el austero Alejandro Severo acostumbraba a ceder algún tanto en este día, permitiendo que le cocinaran un faisán. El siguiente día, 26 de marzo, descansaban, después de las variadas excitaciones y fatigas de los precedentes días. Finalmente, el festival romano se cerraba el día 27 de marzo con una procesión al arroyo Almo. La imagen argéntea de la diosa con su cara toscamente tallada en piedra negra, colocada en una carreta tirada por bueyes y precedida por los nobles caminando a pie desnudo, marchaba despacio entre estrepitosos sones de flautas y tambores para salir por la puerta Capena y bajar a las orillas del Almo, que afluye al Tíber al pie de la muralla de Roma. Allí el gran sacerdote, vestido de púrpura, lavaba la carreta, la imagen y demás objetos sagrados en el agua corriente. A la vuelta del baño, esparcían sobre el vehículo y los bueyes las flores de la primavera. Todo era júbilo y alborozo; nadie recordaba ya la sangre que había corrido hacía poco. Hasta los sacerdotes eunucos olvidaban sus heridas. Con frecuencia, Cibeles es considerada por los mitógrafos griegos como una simple encarnación o incluso una sencilla "apelación" de Rea, madre de Zeus y de los demás dioses hijos de Crono (Ver, Rea). Cibeles sería la Rea adorada en el monte Cibele de Frigia. Interviene poco en los mitos que han llegado hasta nosotros; el único que merece este nombre es la historia de Agdistis y de Atis (Ver estos nombres), y en ellos no representa mas que un papel muy secundario. Atis aparece a veces en él como su amante, y con más frecuencia como su compañero. Es posible también que su personalidad se disimule detrás del hermafrodita Agdistis, que todas las tradiciones concuerdan en presentar como el amante de Atis después de su mutilación. La importancia de Cibeles se debe principalmente al culto orgiástico que se desarrolló a su alrededor, que sobrevivió hasta una época tardía bajo el Imperio romano y que ya ha sido descrito. Le estaban consagrados el boj y el pino; el primero porque de su madera se hacían flautas que se tocaban en sus fiestas, y el segundo por su amor a Atis. Se la representaba como una mujer robusta y poderosa. Su corona de roble recuerda a los hombres la edad en que se alimentaban con el fruto de estos árboles. Las torres que ciñen sus sienes indican las ciudades que la reconocían por protectora, y la llave que empuña denota los tesoros que encierra en el invierno el seno de la tierra para prodigar en el verano. La carroza en que está sentada es la imagen de la tierra que su propio peso hace balancear en los aires, y sostienen la carroza, dos ruedas para significar que la tierra es conducida con un movimiento circular. Es tirada por dos leones, porque nada hay tan feroz que no se rinda a la ternura maternal: o más bien no hay terreno tan estéril al cual no pueda fecundar la industria. Sus vestidos abigarrados, o más bien verdes, hacen alusión al adorno de la tierra. Colócase cerca de ella un tambor en figura de globo. Como Rea, tiene por servidores, a los Curetes, llamados también Coribantes. Ver, Archigallo, Betilo, Betilo de Cibeles, Atis, Kubaba.
 
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