Egeón
Entre los Gigantes de Cien Manos (los Hecatonquiros) había uno a quien los dioses llamaban Briareo, y los hombres, Egeón. Virgilio lo describe con cien manos, que oponían otras tantas espadas y escudos, cincuenta cabezas y otras tantas bocas que arrojaban llamas. Le hacía temible su prodigiosa fuerza aun a los mismos dioses. Junto con sus hermanos participó en la lucha contra los Titanes, como aliado de los Olímpicos (Ver, Titanes). Una vez éstos hubieron vencido, y los Titanes fueron sólidamente encerrados en el Tártaro, no terminó todavía el papel de Briareo-Egeón. Tan pronto es representado custodiando a los Titanes en su cárcel subterránea, junto con su dos hermanos, como se nos dice que Posidón lo recompensó por el valor demostrado en la batalla, concediéndole la mano de su hija Cimopolea y dispensándole de montar la guardia ante los Titanes. Existe una tradición que hace de este gran amigo y fiel partidario de Zeus un aliado de los Titanes, a cuyo lado habría combatido contra los Olímpicos. Por ello fue sepultado debajo del monte Etna, aunque después obtuvo la libertad. Según otros, Posidón le precipitó en el abismo del mar después de haberle vencido, pero habiéndose reconciliado con este dios le admitió en el número de las divinidades marinas. Así, desde el seno del mar socorrió a los Titanes contra los dioses. Pero un gran servicio que prestó a Zeus hizo que este dios olvidase su falta. Cuando los Olímpicos Hera, Atenea y Posidón quisieron encadenar a Zeus, Tetis llamó a Egeón en socorro del rey de los dioses. Subió al cielo para darle socorro, y tomó asiento cerca del soberano del Olimpo con un aspecto tan grave y terrible, que su sola presencia y el temor a su prodigiosa fuerza, bastaron para disuadirlos de su intento. Zeus, reconocido por este señalado servicio, le tomó con Giges y Coto para su custodia. Los caristios le tributaban honores divinos bajo el nombre de Briareo, y los habitantes de Calcis con el de Egeón.

