Enone
Durante su juventud, Paris, alejado de Troya, había vivido en la montaña. donde había amado a una ninfa llamada Enone, hija del dios-río Cebrén. Tuvo de ella un hijo, Córito (Ver). Pero, cuando Paris hubo pronunciado su célebre fallo sobre las diosas que ante él se disputaban el premio de la belleza, sintió deseos de abandonar a Enone por el amor de Helena, que le prometiera Afrodita. Enone, que conocía el futuro, trató de disuadirlo, aunque en vano. Entonces le dijo que si era herido no tenía más que volver a su lado, pues sólo ella conocería el medio de curarlo. En efecto, en otro tiempo Apolo le había dado, como premio a su virginidad, el don del conocimiento de las substancias elementales. Paris abandonó a Enone por Helena. Algunos años después, en los últimos del sitio de Troya, fue herido por una flecha de Filoctetes, y, desesperado de su curación, acordóse de la promesa de Enone. Fue a su encuentro, o le envió mensajeros, para que lo curase. Pero Enone, presa de cólera por haber sido abandonada, le negó sus auxilios, y Paris murió. Sin embargo, Enone no tardó en arrepentirse de su crueldad y acudió con sus remedios, esperando encontrar aún vivo a su antiguo amante. Al saber que había muerto, se suicidó de dolor, ahorcándose o arrojándose a la pira funeraria.

