Carros
Los principales carros de los antiguos, que se ven en los monumentos, son los armados de hoces, los carros para la carrera, los triunfales y los carros cubiertos. Los primeros sólo servían para la guerra. Según lo que se puede juzgar por los antiguos monumentos, estos carros no tenían más que dos grandes ruedas a las cuales estaban adaptadas las hoces. Se armaba también la lanza de fuertes puntas y la parte posterior del carro estaba guarnecida igualmente con hierros cortantes para impedir que alguno subiese a él. Los carros para la carrera, eran en forma de concha puesta sobre dos ruedas, más alta por delante que por detrás, con una lanza muy corta, a la cual se uncían cuatro caballos de frente. Los carros de triunfo tenían una forma redonda; el vencedor iba en él en pie y dirigía por sí mismo los caballos. Servían también los carros para otras ceremonias, llevándose en ellos las imágenes de los dioses en el día de preces públicas o poniendo también en los mismos las estatuas de aquellos cuya apoteosis se hacía, e iban en ellos las familias ilustres que asistían a la fiesta. Los cónsules al encargarse del mando eran así mismo conducidos en ellos. Sin embargo, la historia refiere que Camilo entró triunfante en Roma de este modo, pompa que se hizo después ordinaria, pero que esta vez no cayó bien a los republicanos. Durante el gobierno consular, los carros fueron dorados, bajo los emperadores fueron de marfil y hasta de oro. Se les rociaba con sangre para darles un aire más marcial. Los carros cubiertos se distinguían de los otros por una cúpula cimbrada. Servían para uso de los pontífices romanos y para las mujeres. Ver, Biga, Carruajes.

