Claudio Nerón
Tiberio (Tiberius Claudius Nero) (42 a.C.-37). Segundo emperador romano, llamado Tiberius Claudius Nero, y más tarde, después de su adopción por Augusto, Tiberius Julius Caesar. Tiberio nació el 16 de noviembre y fue el primogénito de Tiberio Claudio Nerón y de su esposa Livia Drusila. Cuando Tiberio tenía tres años de edad y su hermano Druso aún no había nacido, Nerón se divorció de Livia para que esta pudiera casarse con Octavio. Tiberio se crió, al menos tras la muerte de su padre (33 a.C.), en la casa de Octavio. Tiberio desempeñó su primer servicio militar en Hispania, y en el 23, fue nombrado cuestor, cuando tenía cinco años menos de la edad mínima establecida para el cargo. En el 20 fue enviado con un ejército a Armenia, donde coronó al candidato romano para el trono de dicho país, Tigranes III, y recibió los estandartes romanos arrebatados a Craso por los partos en el 53. Tiberio desempeñó una carrera militar considerablemente distinguida, comenzando en el 16 con un mando clave en la frontera septentrional, en compañía de su hermano Druso, en el que finalizó la conquista de la región alpina. En el 13 desempeñó un consulado. A continuación sirvió en Pannonia hasta el 9, cuando murió Druso, y sometió a los panonios y dálmatas, creando en el 11 la provincia imperial de Iliria. Ejerció posteriormente el mando en Germania hasta su segundo consulado, en el 7 a.C., siendo recompensado por dicho mando con un triunfo. Recibió los poderes tribunicios durante cinco años, la base de la autoridad de Augusto en Roma, y un mando especial con fines diplomáticos en el Este. Se le encargó que restableciera la autoridad romana sobre Armenia, que se había debilitado tras la muerte de Tigranes III. Su misión se transformó, sin embargo, en un retiro voluntario en Rodas. La razón de este desenlace era la desgraciada vida doméstica de Tiberio, provocada por su forzoso divorcio de Vipsania Agripina, la hija de Agripa y de su primera esposa, Cecilia, con quien había tenido un hijo, Druso. Por razones dinásticas, Augusto había obligado a Tiberio a casarse con su hija Julia, la viuda de Agripa, a quien Tiberio llegó a odiar. Julia le dio un hijo que no sobrevivió. Su retiro no le granjeó la simpatía de Augusto, que le denegó la petición para permitirle regresar a casa. Pero Augusto fue persuadido por Livia y otros miembros de su familia para permitir el regreso de Tiberio en el 2, tres años después del destierro de Julia por adulterio. Tiberio no recuperó el favor de Augusto hasta el año 4, tras la muerte de los nietos de este, Gayo César y Lucio César, a los que había nombrado herederos. Augusto adoptó entonces a Tiberio y a Agripa Póstumo, aunque este último perdió muy pronto su favor. Al mismo tiempo, Tiberio adoptó a Germánico, el popular hijo de su hermano, y fue recompensado con poderes tribunicios por diez años. Tiberio fue enviado de nuevo a Germania, donde permaneció en el mando del 4 al 6. Este último año fue enviado a Iliria para sofocar una rebelión que le mantuvo ocupado hasta el 9, cuando se enfrentó a la tarea de enmendar la desastrosa situación de la frontera germana, causada por la aplastante derrota de Quintilio Varo. Hacia el 12, Tiberio había restablecido la situación y regresó a Roma para celebrar un triunfo. En el 13 fue investido con poderes tribunicios y proconsulares semejantes a los del emperador. A la muerte de Augusto (14), estaba en Pannonia, pero la transmisión de poderes fue tranquila, gracias a los poderes que Tiberio ya detentaba. Como sucesor, Tiberio, tras lograr la consecratio del Senado que convertía en divus a su predecesor, momento del que Dión Casio dejó una descripción magistral, reemprendió la tarea de gobernar el Imperio. Para ello siguió fielmente, en principio, el programa diseñado por Augusto, pero se apartaría de él posteriormente. Tras su ascenso se produjeron serios motines en las fronteras germanas y del Danubio, que fueron sofocados con dificultad. En política exterior renunció a ampliar los límites del Imperio adoptando más bien una política defensiva y ante todo vías diplomáticas con los pueblos vecinos: germanos en el Rhin, partos y armenios en Oriente, mauritanos en África. Agripa Póstumo fue ejecutado, un asesinato que Tiberio negó haber ordenado. Tácito nos transmite el debate que tuvo lugar en el Senado el 17 de septiembre y muestra a un Tiberio poco dispuesto a adoptar el boato de la monarquía. Tiberio ciertamente prescindió del consejo privado de Augusto y restableció la capacidad resolutoria del Senado. Probablemente Tiberio deseaba una mayor colaboración por parte de un Senado servil de la que este era capaz. Tiberio permaneció en Roma hasta el 23, y durante ese tiempo gobernó con moderación y justicia. Tiberio entró en conflicto con su sobrino Germánico, que había disputado arduas y ambiciosas campañas en Germania antes de ser contenido por la cautelosa mano de Tiberio. Designó a Germánico en el 17 para desempeñar un mando en Oriente, durante el cual anexionaría Comagene y Capadocia como provincias. Tiberio tuvo que enfrentarse a las dificultades causadas por la muerte de Germánico en el 19 y a la acusación formulada por Agripina contra Pisón de haberlo envenenado. Más tarde la muerte de Druso, hijo de Tiberio y Vipsania, en el 23, dio al traste con los planes sucesorios del emperador, viéndose obligado a proponer formalmente como herederos a sus sobrinos-nietos Nerón César y Druso César, hijos de Germánico y Agripina, aunque finalmente sería un hermano de éstos, Cayo, el futuro emperador Calígula, quien le sucedió. Compensó la escasez de candidatos apropiados para los gobiernos provinciales ampliando la duración del cargo a aquellos que estaban ya sirviendo, como Poncio Pilatos, y permitiendo incluso a algunos gobernadores ausentarse de sus provincias. Su relación con su madre, Livia, era tirante, y se ha sugerido que Tiberio abandonó Roma para escapar de ella y nunca más regresó. Durante su reinado se produjeron numerosos problemas, a menudo financieros, y las rebeliones que tuvieron lugar en la Galia (21) y en Roma dan testimonio del descontento de muchos. Los habitantes de las provincias sufrieron una pesada carga de impuestos y una parte de los políticos cayó en la tentación de enriquecerse acusando a otros de traición. Los juicios ante el Senado se incrementaron, y con ello su corrupción a medida que avanzaba su reinado. Al principio, Tiberio fue indulgente con los acusados, pero tras su retiro se produjo algo semejante a un reinado del terror. Tras la muerte de su hijo Druso, de cuyo envenenamiento por Sejano y Livila Tiberio no supo nada, fue por primera vez a Campania para dedicar ostentosamente algunos templos, y al año siguiente a la isla de Capri. Desde el 24 el control de los asuntos de estado había pasado a Sejano, el prefecto del pretorio, personaje poco escrupuloso que es considerado culpable de la mala fama de Tiberio, y quien en sus ambiciones políticas llegó a conspirar incluso contra el propio emperador, después de haber eliminado o desterrado a todos sus presuntos rivales haciendo uso de la acusación de maiestas, que alcanzó a la propia familia imperial. Agripina, la viuda de Germánico, y sus hijos Nerón, Julio César y Druso, Julio César cayeron en desgracia y fueron desterrados (29-30). Sejano solicitó permiso para casarse con la viuda de Druso, su amante Livila, pero le fue denegado. Fuera o no la intención de Sejano ocupar el trono a la muerte del emperador, lo cierto es que pretendió incluso emparentar con éste a través de su matrimonio con Julia, su nieta, y consiguió apartar de Roma a Tiberio, recluido desde el año 27 en su retiro de Capri, donde permanecería hasta su muerte en el 37. Pero en el 31 Antonia, la anciana madre de Germánico, le desveló los verdaderos propósitos de Sejano para hacerse con el trono, que incluían, al parecer, una conspiración contra Tiberio. Éste reaccionó y ordenó la ejecución de Sejano, así como la de sus familiares y partidarios. Fue sustituido por Macrón, que ejerció un poder similar y llevó a cabo una purga de todos aquellos sospechosos de haber ayudado a Sejano. Poco después el emperador reclamó en Capri la presencia de Cayo César, el menor de los hijos del malogrado Germánico, quien habría de sucederle seis años después. Los últimos años del reinado de Tiberio fueron bastante confusos. Aunque los levantamientos provinciales en Pannonia, Galia, África y Siria habían sido ejemplarmente reprimidos, un nuevo brote de violencia estalló en la plebe romana al hilo de una crisis financiera y de abastecimiento de grano que afectó a Italia en el 33 y salpicó a provincias ricas como la Bética, donde existían grandes fortunas. Por ello, acusado previamente de "depravación", según Tácito, Tiberio ordenó la ejecución de Sexto Mario, el más rico propietario de la provincia, y confiscó todos sus bienes. Medidas similares le enfrentaron definitivamente con el grupo senatorial, sobre el que el emperador hizo repercutir la crisis financiera del Estado: cada senador fue obligado a ceder al Tesoro 1/3 de los beneficios devengados por los préstamos realizados, si bien el resto debía ser invertido en la adquisición de tierras itálicas; por su parte, los deudores dispondrían de préstamos estatales a tres años y sin intereses para hacer frente a la situación económica en que se encontraban. De este modo Tiberio pudo poner a disposición de los pequeños propietarios 100 millones de sestercios (equivalentes a 25 millones de denarios), emitidos con las reservas de cobre expropiadas en la Bética. Los testimonios antiguos (ante todo Tácito, Suetonio y Dión Casio) son coincidentes al considerar que la "crisis del 33" se debió sobre todo a la falta de numerario. Ello no evitó sin embargo el descontento de la plebe ante los problemas de abastecimiento, aunque impidió la formación de "capitales" en las provincias, fenómeno que ponía en peligro la tradicional primacía de Italia en la economía del Imperio. Tiberio murió en circunstancias sospechosas el 16 de marzo del 37, mientras pasaba la noche en el continente, en Miseno, y fue sucedido por Calígula. Los vicios atribuidos a Tiberio durante su retiro por Suetonio y otros son casi con seguridad falsos. En realidad, Tiberio era una persona inteligente y sensible que componía poesía neotérica, sostenía los puntos de vista de la filosofía escéptica, era un hábil orador y disfrutaba del arte. Tenía también inclinación a la ironía y a menudo se expresaba de modo ambiguo. Tácito (Anales) afirma que Tiberio gobernó bien hasta que permitió que Sejano fuera su cabeza, pero que demostró su verdadera personalidad en la sucesiva represión.

