Juegos Seculares
Los Ludi Saeculares se denominan así por abarcar la distancia que separa la celebración de esta fiesta el plazo mayor de la vida de un hombre, pues saeculum llamaban los romanos al curso de una vida. Era creencia que contribuía a remediar epidemias, plagas y enfermedades. Zósimo describe la fiesta de la siguiente manera: "los heraldos, yendo en derredor, convocaban a todos a la fiesta para presenciar un espectáculo que ni antes vieron ni más adelante podrían contemplar. En la estación veraniega, pocos días antes de que se celebre la ceremonia, los quindecenviros se sientan sobre un estrado en eI Capitolio o en el templo del Palatino e imparten al pueblo los medios de purificación: antorchas, azufre y esparto, de los que no participan esclavos, sino sólo hombres libres. Reunido todo el pueblo en los lugares mencionados, así como en el templo de Ártemis que se levanta en el monte Aventino, porta cada uno trigo, cebada y habas. Y tienen lugar solemnes celebraciones nocturnas en honor de las Moiras durante *** noches. Llegado el tiempo de la fiesta, que tiene lugar en el Campo de Marte durante tres días con sus noches, se consagran las ofrendas junto a la orilla del Tíber en Tarento. Hay sacrificios para los dioses Zeus, Hera, Apolo, Leto y Ártemis, y también para las Moiras, las Ilitías, Deméter, Hades y Perséfone. La primera noche de festejos, a segunda hora, el emperador acompañado de los quindecenviros sacrifica a orillas del río, sobre tres altares que han sido dispuestos, tres corderos, y una vez cubiertos de sangre los altares quema por completo las víctimas. Después de preparar una tienda en forma de teatro se prenden luces, se entona un himno recientemente compuesto y tienen Iugar espectáculos de carácter sacro. Quienes los ejecutan reciben como salario las primicias de los frutos: trigo, cebada y habas, primicias que, como dije, se imparten también a todo el pueblo. Al día siguiente, tras subir al Capitolio, donde llevan a efecto los sacrificios que el uso prescribe, y marchar de allí al teatro que ha sido dispuesto, representan los espectáculos en honor de Apolo y Ártemis. Al día siguiente, y a la hora que ordenó el oráculo, se reúnen en el Capitolio mujeres de distinción que, según fija el rito, dirigen plegarias y elevan himnos a la divinidad. Al tercer día, en el templo de Apolo del Palatino, tres veces nueve muchachos ilustres y otras tantas doncellas, todos ellos "florecientes al abrigo", es decir, con ambos padres vivos, entonan en lengua griega y latina cantos y peanes destinados a salvaguardar las ciudades sometidas a los romanos. Conforme a lo indicado por la divinidad, tenían lugar otros actos, gracias a cuya ejecución se mantuvo intacto el Imperio Romano". Augusto restauró la ceremonia (que había tenido lugar por última vez, bajo el consulado de Lucio Censorino y Marco Manilio [Puelio]), siendo Ateyo Capitón quien explicó el rito y los quindecenviros encargados de custodiar los oráculos de Sibila quienes inquirieron las fechas en que debía realizarse el sacrificio y conducirse la procesión. La celebración de Augusto (17 a.C.) no observó ningún tipo de periodicidad respecto a las celebraciones anteriores; a partir de ella tiende a imponerse el saeculum de 110, pero todavía Claudio se atiene a una periodicidad de 100 años; por lo demás la fecha exacta de los Juegos de Claudio, el 47, plantea problemas de difícil solución (quizás este emperador adoptó la tradición etrusca para computar los saecula a partir del año de fundación de Roma; si, de acuerdo con el cómputo varroniano, ubicaba tal fundación en el 753, el 47 corresponde exactamente al 800 de Roma. Domiciano celebró los suyos en 88, adelantándose en seis años, con una separación de 110, a la periodicidad impuesta por la celebración de Augusto, Los Juegos de Severo datan del 204. Los Juegos comenzaban la noche del 31 de mayo al 1 de junio. En ella el emperador sacrificaba a las Moiras nueve ovejas y nueve cabras. El 1 de junio, de día, el emperador sacrificaba a Júpiter en el Capitolio. En el teatro continuaban las representaciones sagradas. En la noche del 1-2 de junio el emperador ofrendaba a las Ilitías pasteles sacrificales. El día 2 tenían lugar las plegarias, dirigidas por 110 matronas a Juno, a las que precedía un sacrificio dirigido también a Juno y ejecutado por el emperador en el mismo Capitolio. En la noche del 2 al 3 el emperador sacrificaba a Terra Mater y proseguían las representaciones sagradas. El 3 de junio el emperador ofrendaba a Apolo y Diana en el Palatino pasteles sacrificales. También ahora se ejecuta el himno compuesto expresamente para cada edición de los Juegos. El mismo día 3 los Juegos eran clausurados con la celebración de espectáculos circenses, tras los cuales tenía lugar la distributio frugum (posiblemente en ésta participaban no sólo los protagonistas de los espectáculos, sino también, el pueblo). En los días siguientes, fuera propiamente de celebración religiosa, se realizaban diversos espectáculos (ludi honorarii). Ver, Prosérpina, Fiestas romanas.
)o( MITOLOGÍA.- Era Valesio, de donde procede el linaje de los Valerianos, hombre ilustre entre los sabinos. Ante su casa había un bosque sagrado formado por altísimos árboles. Habiendo caído sobre ellos un rayo que los abrasó, se hallaba confuso sobre cuál era la señal que portaba el rayo; y como una enfermedad se hubiese abatido sobre sus hijos, recurrió, además de al arte de los médicos, al de los adivinos. Estos conjeturaron, por la forma de la caída la del fuego, que se trataba de cólera divina, ante lo cuaI, y como es lógico, Valerio intentó propiciarse a la divinidad con sacrificios. Estando con su mujer lleno de temor y a la espera de una muerte ya inminente para sus hijos, postróse ante Hestia y prometió entregarle a cambio de sus hijos dos vidas completas, la de él y la de la madre de sus hijos. Y cuando miró al bosque alcanzado por el rayo creyó escuchar una voz que le ordenaba llevar a sus hijos a Tarento, calentar allí agua del Tíber sobre el altar de Hades y Perséfone y darla de beber a los niños. Al oír esto, con más razón se desesperó de que sus hijos se salvaran, ya que Tarento está en el confín de Italia y allí no podría encontrar agua del Tíber. Igualmente le infundía tristes expectativas el haber oído que el agua fuese calentada sobre un altar de dioses infernales. Puesto que también los intérpretes se encontraban confusos ante todo ello, tras volver a informarse decidió que era preciso obedecer a la divinidad, hizo que sus hijos subieran a una barca de río y comenzó a descender. Como éstos entrasen a causa del calor en un estado febril, puso rumbo a aquella parte de la ribera por donde la corriente parecía apaciguarse. Habiendo pasado la noche con sus hijos en un chozo de pastor, oyó que había desembarcado en Tarento: pues así se llamaba el lugar, que tenía el mismo nombre que el Tarento del Promontorio de Yapigia. Postrándose entonces ante el dios por tal dicha, ordenó Valesio al piloto que atracara en la orilla, descendió y se explicó ante los pastores. Tomó a continuación agua del Tíber y, después de calentarla en un altar hecho por él, la dio de beber a su hijos. Nada más que beber, cayeron éstos dormidos, tras lo cual se levantaron sanos. Y como vieran en sueños que unas víctimas negras eran llevadas a Perséfone y Hades y que durante tres días consecutivos se celebraban fiestas nocturnas con canto y danza, relataron el sueño a su padre, añadiendo que un hombre grande y de porte divino había encomendado hacer todo ello en el Campo de Marte de Tarento, precisamente donde había un lugar reservado a los ejercicios ecuestres. Quiso Valesio erigir allí mismo un altar, y cuando a tal efecto los tallistas comenzaron a excavar el sitio, se halló un altar acabado en el que estaba escrito: "De Hades y Perséfone". Comprendió entonces con más claridad qué había que hacer, por lo cual llevó ante este altar las víctimas negras y se ocupó de realizar las celebraciones nocturnas. Este altar y el instituir la ejecución de un sacrificio tuvieron el siguiente origen: romanos y albanos se hallaban en guerra. Estando unos y otros con las armas en la mano, apareció una figura de extraordinario aspecto, cubierta con negra piel y gritando que Hades y Perséfone habían ordenado que antes de entrar en combate se les hiciera un sacrificio bajo tierra. Y una vez dicho esto se desvaneció. Entonces fue cuando los romanos, turbados por la aparición, erigieron el altar bajo tierra y, después que hubieron hecho el sacrificio, lo ocultaron enterrándolo a veinte pies e profundidad, de forma que, excepto a los romanos, a todos los demás les pasase inadvertido. Éste fue el que encontró Valesio, y como también llevó a cabo el sacrificio y las ceremonias nocturnas recibió el nombre de Manio Valerio Tarentino. Pues los romanos llaman a los dioses infernales "manes" y al tener salud "valere" y Tarentino por el sacrificio en Tarento. Más adelante, cuando, en el primer año después de los reyes, cayó sobre la ciudad una peste, Publio Valerio Publícola sacrificó en este altar un buey negro y una ternera negra a Hades y Perséfone, con lo que liberó la ciudad de la peste; y en el altar escribió esto: "Yo, Publio Valerio Publícola, consagré el llano portador de fuego a Hades y Perséfone, y organicé para Hades y Perséfone cortejos por la liberación de los romanos". Después de esto, en el año 502 de la fundación de la ciudad, como sobreviniesen enfermedades y guerras, el Senado, para encontrar la forma de salvar a la ciudad, decidió recurrir a los oráculos de Sibila, y ordenó a los decenviros asignados al efecto que inquiriesen en los oráculos. Puesto que los oráculos anunciaron que cesaría el infortunio si sacrificaban a Hades y Perséfone, buscaron el lugar y, de acuerdo con lo preceptuado, consagraron ofrendas a Hades y a Perséfone *** bajo el cuarto consulado de Marco Popilio. Cumplida la ceremonia y una vez libres de cuanto les amenazaba, volvieron a ocultar el altar, depositado en un extremo del Campo de Marte. Durante algún tiempo el sacrificio quedó relegado hasta que, cuando de nuevo surgieron adversidades, Octaviano Augusto restauró la ceremonia.

