Época Líbica
En la historia del Antiguo Egipto, forma parte del Tercer Período Intermedio y se inicia con el advenimiento de Hedjeperre-Setepenre Sesonquis I, que inaugura la Dinastía XXII bubastita (945-715). Esta efemérides señala también un hecho importante dentro de la historia de Egipto, y es el comienzo de la dominación del país por pueblos extranjeros diversos. Así tras los libios, Egipto conoció las dominaciones de etíopes, asirios, persas, greco-macedónicos y romanos, hasta llegar a los árabes. Los militares libios que tomaron el poder estaban ya totalmente egiptizados: sólo algunos títulos, así como su onomástica, recordaban su cada vez más lejano origen extranjero. La Dinastía XXII, que se consideraba legítima heredera de la Dinastía XXI, mantuvo su capital en Tanis. Sus reyes siguieron utilizando como lugar de enterramiento, la necrópolis real de Tanis, en el subsuelo del templo de Amón. Los sucesores del fundador, seguirían su política de instalar hijos suyos como grandes sacerdotes de Amón, en Tebas. Se acentúan y llegan a su apogeo, las relaciones comerciales con los fenicios, que a su vez coincide significativamente con el apogeo de la actividad comercial fenicia en el Mediterráneo occidental. Sus relaciones con Egipto se centraban en el suministro por parte de los fenicios de plata y bronce, metal este muy escaso anteriormente en Egipto. Aparecen las más antiguas obras del arte egipcio en bronce. El motor económico de la colonización fenicia es el propio Egipto, gracias a los recursos de que aún disponía a pesar de su profunda crisis interna. Los fenicios distribuyeron por todo el Mediterráneo las manufacturas egipcias. Políticamente, sin embargo, Egipto siguió hundiéndose progresivamente en lo que se ha dado en llamar anarquía líbica, dando como resultado una gran fragmentación política. Un historiador que se ha ocupado de esta época, Yoyotte, ha resumido así su valoración de la obra de gobierno de los grandes sacerdotes tebanos: "El gobierno de los reyes-sacerdotes, no ha sido jamás sino una dictadura sin ideal, disfrazada de teocracia". Este duro juicio se considera válido también para los militares libios, llegados a faraones pero carentes de una mínima visión política u organizativa. Esta crónica incapacidad de gobierno demostrada por la aristocracia libia, condujo a Egipto a una nueva época feudal que fue especialmente dura para la población, dividida además en clases hereditarias y cerradas y obligada a continuar ejerciendo el oficio de sus mayores, en condiciones cada vez más lamentables.

