TELL BEIDAR

o Tell Beydar. Bajo la superficie de este yacimiento, se encuentra la antigua Nabada, ciudad de la estepa alto-mesopotámica a la que hacen alusión algunos de los textos de Ebla. Los uadis que forman el llamado triángulo del río Jabur, hoy día secos la mayor parte del año, tuvieron un caudal mucho más abundante en la antigüedad, lo cual explica que esta región sea una de las más profusas en yacimientos arqueológicos de todo el Creciente Fértil. Tell Beidar está situado al borde de uno de esos cursos de agua, el Uadi Auay (río tortuoso), que desemboca en el Yaghyagh, a su vez el afluente más importante del río Jabur. Se está empezando a comprobar que esta región experimentó un gran desarrollo urbano durante el III milenio a.C. y que, por lo tanto, Ebla ya no constituye un caso aislado entre el mundo mediterráneo y la Baja Mesopotamia. El enclave del III milenio a.C. descubierto en Tell Beidar es una ciudad circular, de una tipología muy normal en este período, como Ebla y una quincena más de yacimientos de la zona. Tiene una ciudad alta, en cuyo centro está la acrópolis, con el palacio y los templos; un espacio vacío entre el pie de la ciudad alta y las defensas, y una gran muralla anular atravesada por cinco puertas. El período que mejor se conoce de la historia de Nabada, es el que corresponde al Dinástico Arcaico III (ca.2.600-2.350 a.C.) gracias a los importantes vestigios de arquitectura oficial religiosa y privada y a los 210 textos cuneiformes encontrados hasta el momento. A través de estos documentos sabemos que, a finales del DA III, Nabada había pasado a formar parte del reino de Nagar, cuya capital estaba muy probablemente en Tell Brak, a 60 km de Tell Beidar. En este momento el palacio situado en la acrópolis es, probablemente, la residencia de un gobernador de Nagar. Gracias a los textos también se han constatado visitas ocasionales del rey de dicho país a la ciudad de Nabada. Esta ciudad sufrió la misma suerte que muchos otros enclaves de Siria y Mesopotamia, y dejó de ser un gran núcleo de población con la llegada de los acadios (ca.2.350-2.325 a.C.). Uno de los hallazgos más importantes, es la colección de 210 textos cuneiformes pertenecientes al último momento de ocupación de la ciudad. Aparecen nombres de ciudades, algunas localizadas y otras no. Proporcionan información sobre la organización del trabajo en el palacio, sobre la contabilidad y otros aspectos de la economía. Desde el punto de vista lingüístico, su interés es también grande, pues están escritas en una lengua semita, desconocida hasta el momento de su hallazgo, pero emparentada con el kishita y el eblaíta. Después de los acadios, con el paso del tiempo el viejo tell se abandonó y sus ruinas fueron degradándose y quedando escondidas bajo su superficie. Hacia los ss. XV-XIV a.C., un nuevo grupo vino a instalarse al oeste. Estos nuevos pobladores no construyeron sus viviendas en el alto, sobre la gran colina artificial, que era ya un accidente importante en la topografía del lugar, sino al oeste del anillo que marcaba los restos de la muralla exterior. Esta ciudad baja ocupa un área aproximada de 30 Ha. Los fragmentos cerámicos son neo-asirios. Debajo de los niveles neo-asirios hay un asentamiento de época mitania. El último asentamiento importante del lugar es el que se desarrolla sobre la colina del viejo tell en época helenística. Su naturaleza hace de Tell Beidar uno de los más importantes yacimientos del período helenístico excavados hasta el momento en la Alta Mesopotamia, después de Dura Europos y Yebel Jaled. Hoy, Tell Beidar, gobernación de Al-Hasakah, Siria.
 
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