Época etíope

En la historia del Antiguo Egipto, forma parte del Tercer Período Intermedio. Mientras en Egipto se instalaba la anarquía líbica, en Nubia había empezado a formarse un pequeño reino indígena, con capital en Napata, que se iría engrandeciendo y egiptizando progresivamente. Según una teoría actualmente desechada, este reino habría sido fundado por los grandes sacerdotes tebanos, expulsados de Egipto por Sesonquis I. Esta teoría se basaba en la pretendida homonimia de algún nombre personal y en el predominio absoluto del dios Amón en este reino. Sin embargo, el hecho de que los reyes eran de raza negroide, los rasgos de matriarcado puestos de manifiesto en la preponderancia en la corte de las reinas-madre, y la peculiar ley sucesoria que daba preferencia a los hermanos antes que a los hijos, son características claramente indígenas. Probablemente, pues, se trataba de un reino indígena, aunque fuertemente influenciado por Tebas. El engrandecimiento progresivo del reino, corre parejo con el enrequecimiento simultáneo de los ajuares funerarios reales. Al mismo tiempo, las primitivas tumbas reales pronto se convirtieron en pirámides próximas a Napata, recuperando así los reyes nubios este antiguo ritual funerario faraónico. Frente al egoismo y la violencia de los militares libios, los etíopes de Napata iban a aportar a Egipto un renacer innegable de la religiosidad tradicional. Reyes de Nubia y Egipto, los monarcas de la Dinastía XXV ciñeron un doble ureo. Nunca renunciaron a sus orígenes, de modo que mantuvieron su capital y su necrópolis real en Napata. Pero el conjunto de Nubia fue organizado según el modelo egipcio. Numerosos templos nubios y especialmente los consagrados a Amón, conocieron la labor constructiva de los reyes de la Dinastía XXV, pero siempre según el modelo egipcio. Los ya existentes de épocas anteriores y en especial del Imperio Nuevo, fueron engrandecidos, mientras que otros fueron levantados de nueva planta, todos ellos decorados según cánones egipcios. A pesar de que la lengua meroítica era la indígena, se registra un uso progresivo en monumentos e inscripciones oficiales del egipcio clásico, muy correcto por lo demás. En realidad, todo ello es la obra indudable de arquitectos, artistas y escribas egipcios trasladados a Nubia. Sin embargo, pronto una escuela indígena de artesanos aprendió de sus maestros egipcios y empezó a dar un toque "africano" a los monumentos nubios. Los reyes etíopes revitalizaron la institución de la "divinas adoradoras de Amón" en Tebas, instalando cada uno de ellos una hija suya en este cargo. Bajo la égida de estas princesas nubias, la región tebana conoció un auténtico renacimiento que contrasta poderosamente con la situación de marasmo a la que la habían conducido los reyes-grandes sacerdotes anteriores. Ello explica la adhesión de la Tebaida a la Dinastía XXV, a la que se mantuvo fiel hasta el último momento. En cambio, en el Delta los militares libios, más o menos vasallos de los reyes etíopes, siguieron siendo un factor desestabilizador para el conjunto del país. Según Manetón, una nueva línea dinástica se había reconstituído en Sais, cuyos representantes serían los antecesores de los faraones de la Dinastía XXVI. La actitud dudosa de los príncipes del Delta obligó, en todo caso, a numerosas intervenciones represivas por parte de los reyes etíopes para asegurar la unidad. Pero los faraones etíopes debieron, sobre todo, afrontar la creciente amenaza asiria. Con la expulsión final de los asirios y la independencia de Egipto, se puede considerar que termina el Tercer Período Intermedio y comienza el Período Saíta.
 
Volver