Akitu
Este festival, denominado también Festival del Año Nuevo, era la más completa expresión de la religiosidad mesopotámica. En él se renovaban mágicamente los poderes del rey, aunque los actores principales eran los dioses y en general se resumía a la repetición del acto de la creación y de la victoria de los dioses sobre el caos primordial, la Madre Tierra primordial, a menudo representada en forma de serpiente o monstruo primigenio. Esta fiesta era muy importante en el calendario mesopotámico. En el curso de la misma se llevaba en procesión la imagen del dios hasta una casa especial situada extramuros de la ciudad mientras se realizaban las pertinentes purificaciones del templo y de la ciudad. En Uruk y Ur se celebraban dos fiestas Akitu: una a comienzos de año, en primavera, durante el mes de Nis-Annu (marzo-abril) y otra en otoño, coincidiendo con el mes de Tishritu (septiembre-octubre). La ceremonia más importante era la procesión en la que el rey y el pueblo se dirigían al templo donde se celebraba esta fiesta o Bit-Akitu. Se realizaban plegarias y cantos cultuales y se recitaba la epopeya de creación del mundo (Enuma Elish) en honor del dios Marduk.

