Apertura de la boca
En el antiguo Egipto, la Ceremonia de la Apertura de la Boca, cuyo nombre completo es Cumplir la Apertura de la Boca en el Castillo (o Casa) del Oro, era un rito muy elaborado, que nació ante el deseo y la necesidad de prolongar la vida tras la muerte. Era un rito mágico o funerario, practicado en el cuerpo momificado del difunto o en estatuas divinas y humanas para darles vida y hacerlas capaces de recibir el Ba y el Ka. Se efectuaba tocando la boca con instrumentos específicos (ur-heka y seba-ur), entre ellos una azuela de hierro, al tiempo que se pronunciaban fórmulas adecuadas, cánticos y ofrendas. Con ello se creía que el difunto recuperaba su facultad de palabra y por ello el poder misterioso que la misma encerraba a beneficio del ka del difunto. Pero con la ceremonia no sólo se pretendía que la boca volviera a "funcionar", sino que también facilitaba el que los ojos pudieran abrirse, que el sexo sufriera un nuevo "despertar", la habilidad para volver a respirar, la percepción auditiva, el tacto, la fuerza física, etc.. Los orígenes de esta ceremonia pueden remontarse a los remotos períodos de Nagada I o II. En el interior de algunas tumbas se hallaron cuchillos Pesheskaf y otros objetos rituales que se usaban en este rito. Durante estos tiempos, el rito aún no parece identificarse con Osiris, como ocurrió en época dinástica. En los comienzos parece que tuvo un significado incierto y era prerrogativa únicamente real. Más tarde, con Pepi II, se materializó en una ampliación significativa, produciéndose una "democratización" que le dio un nuevo sentido a la muerte del común del pueblo. Todos los habitantes de Egipto podían beneficiarse de la ceremonia y acceder al Más Allá de forma completamente independiente. Los ejemplos más tempranos que conocemos de la ceremonia aparecen en la decoración de la tumba de Metyen (finales Dinastía III o comienzos de la IV) y en otras de las Dinastías V y VI, donde además se han encontrado instrumentos de este ritual. Los Textos de las Pirámides y los Anales de la Piedra de Palermo, son otros lugares donde ésta se menciona en varias ocasiones, concretamente, para Abrir la Boca a las Estatuas de los Dioses. Cuando aún no existían las técnicas de embalsamamiento, la ceremonia se llevó a cabo solamente en las estatuas y, finalmente, desde la Dinastía IV a ambos: estatua y cuerpo, aunque de forma irregular. Igualmente durante el Imperio Antiguo se ha observado -gracias al análisis de las momias- que en ellas se aprecia la manipulación de la boca, quizá para realizar una de las etapas de la ceremonia: la apertura simbólica de la boca. Es decir, progresivamente y con el paso del tiempo, el rito se hizo cada vez más complejo y llegó a realizarse también tanto sobre el sarcófago antropoide como sobre otros objetos inanimados. Su fin era identificar a éstos con el personaje difunto, y para ello eran necesarios tanto instrumentales concretos como actos mágicos y purificadores. Sabemos que, durante el Imperio Antiguo, la ceremonia sufrió dos ampliaciones; una se produjo en la Dinastía III o IV y la otra en la Dinastía VI. Así, por ejemplo, se han encontrado "herramientas" del ritual per-tenecientes a la Dinastía IV en el Templo del Valle del rey Micerino, en la meseta de Guiza. Ya no se trata solamente del cuchillo Pesheskaf, sino de otros elementos que se encontraban colocados en sus tradicionales "estuches", es decir, en las planchas rectangulares de piedra, donde se encajaban, guardaban y protegían a lo largo de las Dinastías V y VI. Además, en los archivos del Templo Funerario de Neferirkara, en Abusir, apareció un verdadero inventario donde estaban registrados algunos de estos objetos. El hallazgo de ofrendas destinadas al ritual en tumbas Predinásticas y más tarde en mastabas de la Dinastía VI, indican que la ejecución y sentido de la ceremonia fue variando según la época. Los Textos de las Pirámides son una valiosísima fuente de información. En ciertos conjuros se recogen las fórmulas que se recitaban durante la celebración del rito. La conjunción de todas las costumbres, y transformaciones eminentemente religiosas que fueron incorporándose, dieron como resultado la Apertura de la Boca, tal y como nos la trasmitió el Imperio Nuevo. De hecho, durante este periodo, su importancia queda patente a través de su representación iconográfica, tanto en las tumbas como en textos religiosos (Libro de los Muertos). Los diversos enterramientos de personajes reales y privados ofrecen una valiosísima información. Entre los primeros destaca el hipogeo de Sethy I en el Valle de los Reyes, en Tebas-Oeste, donde se recoge, de forma admirable, en 75 escenas, la práctica del ritual. En cuanto a las tumbas privadas debemos hacer especial mención a la TT 100. Este enterramiento perteneció al Visir y Gobernador de la Ciudad, Rejmira, que vivió bajo los reinados de Thutmose III a Amenhotep II, aquí es donde se encontró una de las representaciones de la ceremonia más tempranas del Imperio Nuevo. En cualquier caso, otras tumbas, también privadas, de las Dinastías XVIII a XVI, del área tebana no escatiman en detalles que sirven para complementar el desarrollo del ritual. A partir de la Epoca Baja, el ritual también se realizó cuando se construía un santuario. Mediante la magia, se pretendía que las estatuas y relieves cobraran esa energía vital infundida por el dios, que pasaba a animarlas, teniendo así una nueva "casa" donde alojarse. La estatua más importante de todas las que vivían en el templo, es decir, aquella que requería una reverencia y un cuidado mayor, era la imagen que se alojaba en el interior de su pequeño Naos, en lo más profundo del santuario. Ver, Liturgia de la Apertura de la boca y de las Respiraciones.

