Ara
Para realizar un sacrificio, se necesitaba un ara, que recibía el fuego que debía consumir la parte de la víctima destinada a la divinidad. Había dos clases de aras: la eschara y el bomos. La eschara, "el lar", servía durante sacrificios a los héroes, a los muertos, a ciertas divinidades infernales. Era un lugar sobre un agujero excavado en el suelo: se hacía correr la sangre de la víctima al interior de la tumba o a la tierra, dominio de los héroes y de los dioses infernales. La mayoría de las aras eran bomoi, altares elevados. Primitivamente el bomos era un montículo formado por la acumulación de las cenizas de los animales sacrificados: es el caso del ara de Zeus en Olimpia; el Keratón de Delos, hecho de cuernos de cabras, también pertenecía a un tipo antiquísimo. En general, sin embargo, un bomos era una construcción de piedra, de forma cúbica o cilíndrica, frecuentemente adornada en las caras laterales con guirnaldas con cabezas de toros o de corderos; a veces llevaba inscrito el nombre de la divinidad a la que estaba consagrado. Los particulares erigían aras modestas, de piedra o de ladrillo cocido, con un revestimiento de cal o de estuco. En la época clásica había aras consagradas a las divinidades domésticas en el interior de las moradas. Más tarde, como en Priene, se encuentran ante las puertas de las casas, en las calles, aras privadas, consagradas sobre todo a las grandes divinidades. Las aras más importantes eran las de los santuarios, y, aunque hay santuarios sin templo, no hay santuario sin ara, puesto que ésta es indispensable para el culto. Se erguía normalmente a pleno aire ante la fachada principal del templo: en la acrópolis de Atenas, el de Atenea Políade estaba ante la fachada del Erecteion. Había un ara en el interior de un templo cuando había un culto cerrado: cultos de misterios reservados a los iniciados, cultos de los héroes fundadores de las ciudades, ciertos cultos cívicos, etc. A veces había en el templo aras consagradas a los demás dioses. Las aras de los grandes santuarios son aras monumentales: la más célebre es la de Zeus y de Atenea Nicéfora en Pérgamo, con el famoso friso de la Gigantomaquia esculpido sobre un zócalo. Uno de los altares más conocidos es el Ara Pacis de Augusto, en el Campo de Marte. Ver, Altar.

