Basílica
El nombre de basílica, llamado a tener un porvenir tan grande en la arquitectura cristiana, es un adjetivo griego que designaba por abreviación un pórtico real. Era una sala cubierta, un vasto recinto cuya techumbre estaba sostenida por una línea central de columnas y por columnatas laterales. Allí se reunían todos los que tenían ocupaciones en el Foro cuando el sol quemaba demasiado o la lluvia era en exceso violenta. Durante largo tiempo las basílicas no se utilizaron para abrigar a los tribunales, que continuaron reuniéndose al aire libre; estaban exclusivamente destinadas para la comodidad de los particulares. Su nombre nos manifiesta su origen. Fueron imitadas de los grandes pórticos cubiertos que en las ciudades de Siria, de Asia Menor, de Macedonia, acogían a los pleiteantes, y que eran debidos, con la mayor frecuencia, a la munificencia real. Los romanos no quisieron ser menos favorecidos que los súbditos de los soberanos helenísticos. Su origen, no obstante lo dicho, es objeto de controversias. Servía de tribunal, bolsa de comercio, lugar de reunión, antes de tomar tardíamente un carácter religioso. Quedan importantes restos de basílicas. En Roma: Aemilia, Julia, de Majencio. También Porcia, Sempronia y Ulpia. En Italia, la de Pompeya. En África: Timgad y Tipasa. En Oriente: Aspendos y Samaria.

