Biblioteca
Hasta la época helenística, los particulares tenían sus propias bibliotecas y se hacían con nuevos ejemplares pidiéndolos prestados y haciéndolos copiar por un esclavo especializado. La primera biblioteca pública fue fundada en Alejandría de Egipto por Ptolomeo I Sóter. Parece que esta iniciativa se debió a Demetrio de Falero, quien, exiliado de Atenas, después de haberla gobernado brillantemente durante diez años, se refugió, en el año 307 a.C. en Alejandría en la corte de los Lágidas. Demetrio comenzó a reunir libros, que fueron llevados a un edificio destinado a protegerlos. Demetrio murió en el año 283 a.C., en el mismo que Ptolomeo I, pero Ptolomeo II prosiguió la obra y la biblioteca de Alejandría se convirtió en el mayor centro intelectual del mundo helenístico. Reunió esta biblioteca hasta 800.000 volúmenes y hubo que abrirse un anexo en el templo de Serapis, donde se depositaron las copias. El cargo de bibliotecario fue uno de los más codiciados y envidiados del mundo antiguo y se buscaba a las más brillantes personalidades intelectuales para ocuparlo. Este gran centro de cultura se incendió durante la guerra de Julio César en Alejandría en el año 47 a.C. y después fue destruido voluntariamente por orden del arzobispo cristiano monofisita, Teófilo, en el año 391. De forma interesada y en el siglo XIII, se atribuyó a los árabes de 'Amru su destrucción definitiva en el año 651, con la conquista de la ciudad. La segunda biblioteca del mundo antiguo fue la de Pérgamo, que fue fundada por Eumenes II, y que llegó a reunir unos 200.000 volúmenes. Después de la destrucción parcial en época de César, Antonio legó a Alejandría (y a Cleopatra VII Tea Filopátor) las obras de la biblioteca de Pérgamo, ya que el reino había sido dejado en herencia a Roma por su rey Átalo III más de cien años antes. Antioquía poseía también una excelente biblioteca, fundada por los seléucidas, aunque no pudo rivalizar con las de Alejandría y Pérgamo. Ver, Biblioteca de Alejandría, Bibliotecas.

