Caída de Roma

Para protegerse contra los pueblos bárbaros, el Estado romano había construido el "limes". Además, los tratados firmados con algunos de ellos les habían permitido servir en el ejército romano, instalarse en las regiones fronterizas e incluso en algunas zonas interiores del Imperio con ciertas condiciones. Esta política iniciada con Marco Aurelio, fue continuada por sus sucesores, sobre todo por Diocleciano y Constantino. A fines del siglo III comenzaron las invasiones que al principio fueron simples infiltraciones. Pero en el siglo V, comenzaron las llamadas grandes invasiones: los germanos, presionados a su vez por los hunos, invadieron Italia. En el año 410, Roma fue tomada por los visigodos de Alarico. En el año 452, los hunos llegaron a Roma, respetándola. Se formaron los diversos reinos bárbaros dentro de las fronteras como aliados del Imperio (visigodos en Hispania, francos al norte de la Galia, vándalos en el norte de África, etc.). Finalmente, Odoacro, jefe de los hérulos, depuso a Rómulo Augústulo y envió a Constantinopla las insignias imperiales (476). En un momento determinado y de forma efímera, Justiniano, emperador de Oriente (527-565) logró reunir en su poder el ámbito del antiguo Imperio. Las causas de la caída del Imperio de Occidente fueron diversas: de orden militar, social, económico (con el consiguiente desplazamiento del eje económico hacia la parte oriental del Mediterráneo), constitucional, político... analizadas por numerosos autores. Realmente se podría decir que el declive de Roma se inició en el siglo III y fue detenido con gran acierto por los emperadores ilirios y Constantino hasta acabar en el 476. Ver, Limes.
 
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