Culto a los muertos

Aunque todas las culturas han honrado a sus muertos de formas determinadas e incluso han sentido de forma diferente la creencia de otra vida tras la muerte según sus caracteres, religiosidad o vivencias, es, sin duda, la cultura egipcia la que más destaca en la antigüedad por la profunda perceptibilidad de sus creencias y sentimientos a través de los ritos y las manifestaciones artísticas a ellos dedicados. O al menos, de la que se tienen más testimonios conservados. Los muertos, según las creencias egipcias, necesitaban, además de su momificación y los rituales de enterramiento exigidos, una ayuda mágica constante para impedir que las fuerzas hostiles los aniquilasen. Para ello era necesario que se orara, realizaran libaciones y se ofreciera alimento diariamente puesto en mesas de ofrendas funerarias y en las capillas dedicadas a su culto. Había verdaderas fundaciones dedicadas a ocuparse de los servicios exigidos por los difuntos y como ello no bastaba, se escribía en las paredes de las tumbas, cercanas a las puertas de entrada, una fórmula funeraria que debía hacer aparecer mágicamente, a la llamada de quien lo leyera, el pan, la cerveza, la carne y los alimentos exigidos por el difunto. Estas creencias y rituales de culto a los muertos tuvieron una duración milenaria. Con el paso del tiempo, las necrópolis se quedaron desiertas, las tumbas saqueadas y vacías y otras creencias predicaban la importancia de la moral, una ética y unas normas de conducta que aseguraran la salvación en el Más Allá más que la seguridad de una tumba duradera. Pero para ello habría que llegar a los períodos helenístico y romano.
 
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