Tirano
En origen, la palabra tyrannos no tenía ningún valor peyorativo. A veces incluso era sinónimo de Basileus (rey). De ordinario, sin embargo, se llamaba tirano a un hombre que ejerce un poder personal sin ser, como un rey, el heredero legitimo. La conducta de ciertos tiranos como Fálaris de Agrigento explican que en la época clásica los teóricos políticos condenasen duramente la tiranía. El tirano es definido entonces como un déspota cruel que hacía reinar el terror y envilecía al ciudadano: Platón lo considera como el más vil de los seres humanos. Sin embargo, en líneas generales, los tiranos fueron hombres notables. Esto es cierto sobre todo para la época arcaica. La tiranía existió en los ss. VII y VI a.C. en numerosas ciudades. El deseo de cambio de los campesinos afectados por la crisis agraria, y más generalmente de todos aquellos que no pertenecían a la nobleza, se encarnaba en un hombre que abolía el régimen aristocrático y tomaba el poder para sí mismo. Una vez dueño de la ciudad, el tirano no tenía miramientos con los nobles (exilios, confiscaciones) y protegía a las campesinos: Pisístrato, en particular, mejoró mucho el destino de los campesinos atenienses. Sobre todo, el tirano hacía progresar la ciudad; Cípselo acuñó las primeras monedas corintias e instituyó, como Pisístrato en Atenas, un impuesto regular. También con esta clase de gobierno el culto de la divinidad poliada se favoreció. Todos los tiranos fueron los primeros en ocuparse del urbanismo; se les deben muchas fuentes y los trabajos de conducciones de agua que Polícrates mandó hacer en Samos son notables. Supieron adornar su ciudad de monumentos grandiosos: la Acrópolis de Atenas recibió sus primeros adornos bajo los Pisistrátidas. Los tiranos tuvieron una política exterior activa: Pisístrato ayudó a Milcíades el Viejo a instalarse en el Quersoneso y Polícrates de Samos trató de establecer una talasocracia en el Egeo. Pero el hijo de un tirano no tenía ningún titulo que legitimase su poder y las dinastías fueron rápidamente derribadas por los aristócratas que, en general, recuperaron su poder. Hubo tiranos en la época clásica y helenística, pero siempre se trata de un fenómeno localizado. No obstante, hay que citar a Dionisio el Viejo que se convirtió en dueño de Siracusa en 406 a.C. gracias a la amenaza cartaginesa; a Demetrio de Falero que gobernó Atenas a finales del siglo IV a.C. como próstates, epístates y epimeletes, y Nabis, tirano de Esparta desde 206 a 192 a.C..

