Anfinomo
y Anapias. Cuando en una de las antiguas erupciones del monte Etna, que destruyeron la ciudad de Catania, en Sicilia, y en ocasión que la lava ardiente inundaba la ciudad y cada uno de sus desgraciados habitantes procuraba salvar sus efectos más preciosos, dos hermanos que vivían en la opulencia abandonaron todas sus riquezas y sólo procuraron salvarse del voraz incendio llevándose sobre sus espaldas a sus ancianos padres imposibilitados de emprender la huida. Aristóteles, Séneca, Estrabón, etc., añaden que el fuego, respetando a estos piadosos hijos, les dejó libres, mientras otros que habían tomado el mismo camino fueron consumidos por las llamas. Fue tal la fama que adquirieron estos dos hermanos por este rasgo de amor filial, que Siracusa y Catania se disputaron el honor de haberles dado el ser, y ambas ciudades dedicaron, a porfía, varios templos a la piedad filial, en memoria de este suceso.

