Amano

u Omano. Dios de los antiguos persas que se cree era el Sol o el fuego perpetuo, que adoraban como la imagen del Sol. Estrabón le llama Dæmon persarum, el genio de los persas. Todos los días iban los magos a su templo, en medio del cual había un altar donde se mantenía un fuego perpetuo, a semejanza del templo de Vesta en Roma. Cantaban himnos y cánticos en su loor durante una hora delante del fuego sagrado, llevando verbena en la mano y tiaras en la cabeza, cuyas cintillas pendían por ambos lados de las mejillas. Según parece, esta divinidad era un simulacro del Sol.
 
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