Azianoi

Apenas se sabe nada de la historia de Aizanoi. Se cree que el lugar pudo ser el emplazamiento de un culto muy antiguo dedicado a la diosa-madre, pero las primeras noticias que lo mencionan datan del siglo I a.C.. En época romana gozó de gran prosperidad, como se puede inferir por la magnitud de sus monumentos y por la calidad de sus tallas escultóricas. Fue sede de un obispado en la era bizantina. Tras ser destruida por un terremoto, terminó por caer en el abandono y el olvido. El magníficamente conservado Templo de Júpiter fue erigido en tiempos del emperador Adriano. Se trata de un templo pseudodíptero de orden jónico que se levanta sobre una plataforma de 33x37 m. Aunque la cella principal estaba consagrada a Júpiter, también se veneraba aquí a la diosa frigia Cibeles, como lo demuestran las numerosas estatuillas exhumadas representando a ambas divinidades, y el hecho de que la puerta principal esté orientada al oeste, como era preceptivo en los santuarios a Cibeles. Las dos acróteras que coronaban el entablamento exhiben respectivamente los bustos de un hombre y una mujer. Aunque tardío, este templo recoge en su estructura numerosos rasgos característicos de la arquitectura anatólica: la columnata pseudodíptera y el podio escalonado se inspiran en los cánones dictados por Hermógenes; la naos precedida de cuatro columnas y el opisthodoros muy estrecho recuerdan a los del templo de Zeus de Magnesia del Meandro. Bajo el cuerpo central del santuario se oculta una inmensa cámara subterránea, techada con una bóveda de piedra de medio cañón: un verdadero templo debajo del templo, cuyo cometido se ignora. Al otro lado del río, perdido entre los páramos, se pueden distinguir los restos del estadio: apenas unos montículos de tierra que conforman una alargada pista, entre los que de vez en cuando sobresalen tramos del graderío de piedra. El estadio se acopla armoniosamente por uno de sus extremos con la parte trasera del escenario del teatro, formando ambas edificaciones un conjunto unitario. Así, en el teatro, al principio desprovisto de muro de escena, se podían ofrecer al público espectáculos de atletismo. El teatro no ha sido hasta ahora objeto de excavaciones, y se puede ver, derribada por los suelos y cubierta de vegetación, la mayor parte de los elementos de su estructura original. El proscenio se halla hundido sobre la orquesta, el hemiciclo de la cavea parece retorcerse al desmoronarse parcialmente sus gradas. Por todas partes se pueden descubrir, desparramados por el terreno, columnas, nichos y fragmentos escultóricos, representando animales y escenas de caza. Los sondeos arqueológicos han demostrado que todas las casas del pueblo de Çavdarhisar se levantan sobre los basamentos de antiguas edificaciones romanas. En su núcleo urbano se han podido identificar dos ágoras, templos, villas... y un macellum o mercado de carne, una plaza cuadrada en cuyo centro se eleva un monumento de planta circular que tiene inscrito en sus muros el "Edicto de Diocleciano", un texto legislativo promulgado por dicho emperador que fijaba los precios máximos de las mercancías y los topes salariales, con el pretendido fin de combatir la inflación. Cuatro puentes romanos cruzan el río Rhyndakos, en cuyas orillas se pueden ver los antiguos muelles semisumergidos. Hoy, Çavdarhisar, provincia de Kütahya, Turquía.
 
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