Filiación divina

Término con que se designa la procedencia del hijo respecto a los padres. En el mundo antiguo, se buscaba la afirmación de la autoridad real, basándola en un origen divino. En Egipto, ya desde el período Tinita, el faraón se consideraba hijo de Re, como "un Horus que manda sobre la tierra". El clero de Heliópolis confirmó probablemente el nacimiento divino del rey rodeándolo de un ritual transmitido por el papiro Westcar. A través de los años, la monarquía egipcia fue adquiriendo un aspecto de mayor humanidad, sin perder el carácter "divino" del monarca. También en el Próximo Oriente se confirió un carácter divino a los reyes como "hijos de la divinidad". En la cultura sumeria, tal vez la documentación más antigua que revela la condición divina de los monarcas por su filiación divina, procede de la inscripción de Mesalim, rey de la ciudad sumeria de Kish (ca.2550 a.C.). La relación de los monarcas con la divinidad tendrá una continuidad a lo largo de toda la antigüedad, como lo demuestra la divinización de los reyes helenísticos y el culto imperial en Roma.
 
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