Genio

o Genius. Dios de la naturaleza, adorada como a divinidad que da ser y movimiento a todas las cosas. Divinidad romana que simbolizaba el daemon, el principio religioso inherente a un ser o a un lugar, incluso a un "colegio". Era considerado especialmente como autor de las sensaciones agradables y voluptuosas; de donde ha venido la expresión, genio indulgere, dar buen tiempo a su genio. Los imperios, las provincias, las ciudades y los lugares particulares tenían su genio tutelar. En Roma se adoraba al genio público, es decir, la divinidad protectora del imperio. Se juraba por el genio de los emperadores y el día de su nacimiento se le ofrecían libaciones. El genius Augusti fue objeto de un culto celebrado en los cruces de los caminos, y cuyos sacerdotes eran escogidos entre las gentes humildes, lo más frecuentemente entre los libertos. El culto doméstico se dirige en parte al genius del paterfamilias. Cada hombre tenía también su genio. Algunos han creído que los hombres tenían dos, uno bueno que les inspiraba el bien, otro malo que les inclinaba al mal. Cada uno, en particular, sacrificaba a su genio en el día de su nacimiento. Se le ofrecía vino, flores, incienso, pero no se derramaba ni una gota de sangre en estos sacrificios. En las medallas, se ve representado al buen genio bajo la figura de un joven desnudo, coronado de flores y teniendo un cuerno de la abundancia. Le estaba consagrado el plátano y se le hacían coronas con las hojas de estos árboles. Un bajorrelieve encontrado en Roma le mostraba bajo la figura de un joven risueño, coronado de adormideras, teniendo espigas de trigo en una mano, y en la otra pámpanos con hojas y racimos. El mal genio se representa bajo la forma de un viejo con la barba larga y los cabellos cortos, y llevando en la mano un buho, ave de mal augurio. De este modo, según Plutarco, apareció a Bruto. Los caldeos se imaginaban que desde el cielo, donde aparecía la Luna, hasta la morada del Ser Supremo, había muchos espacios tales como el cielo de las estrellas fijas, el éter, el empíreo; que estos espacios estaban habitados por los genios de diferentes órdenes, más o menos perfectos, según estaban más o menos lejos del Ser Supremo; que estos genios bajaban frecuentemente a la tierra, unidos a cuerpos aéreos que les servían como vehículo, y con cuyo medio podrían ver y conocer todo lo que pasaba en el mundo sublunar. En pintura y escultura, se representan con niños alados y atributos, que en los objetos alegóricos sirven para expresar las virtudes, las pasiones, las artes etc. Los genios son conocidos particularmente por una llama que se levanta sobre sus cabezas.
 
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