Guerras de los esclavos
o Guerras serviles. Nombre dado a tres guerras que tuvieron que sostener los romanos contra los esclavos sublevados. Durante el siglo II a.C. son conocidas revueltas de esclavos en Asia Menor, Delos, Pérgamo, Ática y también en Sicilia e Italia. Pero si se exceptúa el caso siciliano, bien descrito por Diodoro, el resto no parece que puedan ser considerados esclavos agrícolas sino residentes en las ciudades. La Primera Guerra de los Esclavos, estalló en Sicilia y tuvo lugar del 136 al 132 a.C., capitaneada por el sirio Euno. Tras formar un ejército de 20.000 hombres, Euno se proclamó rey a la usanza helenística. Perdidas las ciudades de Enna y Tauromenio, su jefe cayó prisionero y fue crucificado. La segunda duró del 105 al 102 y se desarrolló tambien en Sicilia. La Tercera Guerra de los Esclavos (o Servil), la más importante, tuvo lugar en Italia del 73 al 71 a.C., dirigida por Espartaco, que puso en grave peligro la estabilidad politica romana. El origen de esta situación no debe ser ajeno a la sorprendente "liberación" de 40.000 esclavos realizada por Sila, pero tampoco al empeoramiento progresivo de la condición servil en una sociedad que proclamaba el "ius vitae necisque" sobre ellos. Particularmente duro era el destino que esperaba precisamente a los esclavos más fornidos, que por sus peculiares facultades físicas fueron utilizados como gladiadores en las escuelas de lanistas que había en muchas ciudades de Italia o explotados como productores agrícolas en las grandes propiedades (villae). La rivalidad política propició una mayor frecuencia de combates de gladiadores en los juegos, que a menudo, para mayor divertimento de la plebe romana, conllevaba la lucha hasta la muerte de uno de los dos combatientes. La rebelión se inició en la escuela de gladiadores de Capua, en Campania, e inmediatamente fue secundada por grupos de esclavos vecinos. El hecho de que el ejército romano estuviera en este momento ocupado en reprimir varios frentes (en Hispania, Pompeyo contra Sertorio; en Asia, un ejército contra Mitrídates) permitió la expansión del movimiento, que ganó fuerza con las armas sustraídas a contingentes locales. Poco después la rebelión había alcanzado también a la población servil de las ciudades griegas del sur de Jtalia, a las que se unirían también esclavos o asalariados agrícolas de Lucania y Campania, de tal modo que Espartaco pudo llegar a dirigir un contingente de más de 30.000 hombres, capaz de hacer frente a las temibles legiones romanas. Nuevas dotaciones de esclavos se sumaron a las revueltas a las órdenes de Crixos y Oinomao, esclavos de origen céltico afincados entre los marsos y samnitas, que se unieron a la revuelta iniciada por los 70 gladiadores de Capua. Espartaco, por el contrario, era de origen tracio, diferencia étnica en la que se ha creído encontrar la justificación de una escisión temprana del movimiento. En efecto, mientras Espartaco hacía lo posible para sacar de Italia, hacia Galia o Tracia, a algunos esclavos liberados, Crixos permaneció en Apulia resistiendo a las fuerzas institucionales, muriendo en un ataque del cónsul L. Gelio Poplícola. Sin embargo, Espartaco dirigiéndose hacia el norte pudo resistir e incluso vencer en varias ocasiones a los ejércitos consulares. Traspasó los límites de Italia y se introdujo en la Galia Cisalpina, donde derrotó al procónsul C. Cassio Longino. Pero después por razones desconocidas, quizá por la dificultad de atravesar los Alpes o quizá con la idea de alcanzar Bríndisi para huir con su contingente a Iliria, se dirigió hacia el sur, estableciendo su base de operaciones en Thurii. En el año 71 Craso sería enviado con un ejército al Bruttium para intentar estrangular los frentes rebeldes mediante la construcción de una muralla a través de la región, de unos 55 Km, que aislara a los insurgentes. Entretanto llegaban a Italia dos nuevos contingentes del ejército: M. Licinio Lúculo desembarcó en Bríndisi procedente de Tracia e impidió la salida por mar prevista; Cneo Pompeyo entraba en Italia y combatía el frente norte en apoyo del pretor M. Licinio Craso. Aunque Espartaco logró todavía llegar a Apulia con un grupo de esclavos, la masacre de Craso dejó sobre el campo de batalla a más de 12.000 combatientes y el mismo Espartaco murió en uno de estos enfrentamientos. La victoria dio a Craso la garantía de la elección para el consulado del 70 junto con Pompeyo, el otro gran vencedor de estos últimos años, que acababa de sofocar la rebelión de Sertorio en Hispania.

