Casa de la Vida

En el antiguo Egipto, es posible que La Casa de la Vida fuera una institución pedagógica y que existiera desde la Dinastía I, ya que una vasija, con el nombre de Uady, contiene un texto donde puede leerse "La Casa de la Sede de la Vida". Además, numerosos relieves y papiros de épocas posteriores nos mencionan la existencia de este lugar desde el Imperio Antiguo, pero en ninguna de las inscripciones se aclara su función concreta. Precisamente, el Museo del Louvre en París guarda el fragmento del montante de la entrada a la tumba del Jefe de los Trabajos, Ajetaa, de la Dinastía III, donde puede leerse en escritura jeroglífica "Casa de la Vida". Sin embargo, localizar aquí una escuela no es más que una hipótesis de trabajo, ya que algunos autores son de la opinión que las Casas de la Vida no eran lugares de enseñanza, sino centros de documentación y archivo, lo que hoy conocemos como bibliotecas. En estos centros se elaboraban o recopilaban todo tipo de tratados antiguos o nuevos relacionados con la teología y las ciencias. En cualquier caso, seguramente pudieron servir para ambos usos, ya que eran verdaderos centros del saber, algo similar a lo que hoy entendemos por universidad. Un hecho consumado es el que nos indica que los Sacerdotes Lectores acudían desde los lugares donde ejercían su profesión hasta la capital, para consultar los papiros que allí se encontraban, archivados en jarras o cajas para evitar su deterioro. Los arquitectos, médicos u otros especialistas eran otros de los personajes que debían consultar los documentos, ya que en ellos se determinaba cómo se debía sanar en tal o cual caso, o como se debía construir tal santuario. Otros especialistas que requerían la consulta de antiguos documentos eran los escultores, a los que, por su ocupación, se les llamaba "Los que hacen Vivir". Ellos eran responsables de que el "alma" del difunto pudiera reconocer el soporte en piedra que reproducía su figura para, una vez muerto, poder alojarse en la estatua cuando fuera preciso. Por ello, los escultores también eran sacerdotes y estaban en conexión con el clero de Ptah, ya que este dios era el patrono de los artesanos. La función iniciática y casi mistérica en las Casas de la Vida es innegable, aunque posiblemente ésta estuviera reducida a unos cuantos individuos escogidos. Las funciones desempeñadas en la Casa de la Vida abarcaban la enseñanza tanto laica como religiosa. Muy posiblemente fue aquí donde se intentó, dentro de lo posible, aunar y encajar las diversas doctrinas religiosas En estas escuelas se estudiaba todo lo relacionado con los dioses y con las ciencias, y es muy probable que fuera también aquí donde se estableciera el canon a seguir para la construcción de teologías, arquitectura, escultura.... Según opinión de Barry J. Kemp (1992), los religiosos que moraban en estas casas serían los que más se ajustaban a la idea que hoy tenemos de sacerdotes. Otro componente de esta escuela era el personal menor, formado, como en los templos, por artesanos, decoradores, etc. Cabe por tanto suponer que las tareas más tediosas, como la copia de antiguos tratados, fueran llevadas a cabo por acólitos a modo de prácticas aventajadas y que un verdadero ejército de escribas, altamente cualificados y especializados (llamados por los griegos Hierogramates), poblaran el lugar, capitaneados por un Jefe de Todos los Escribas. Algunos de éstos se ocuparían, además, de un trabajo tan singular como la interpretación de los sueños (en griego, Oneirocrite), que por supuesto requería profundos conocimientos, imprescindibles para descifrar la suerte que les deparaba el destino, anunciado en los sueños. Sin embargo, no sólo los documentos egipcios nos informan de la existencia de estos centros, sino que estas instituciones, de renombre universal en el mundo antiguo, fueron recogidas a través de viajeros grecorromanos, que las mencionaron como focos de conocimiento por excelencia, donde se encontraban los hombres más sabios, ávidos por cultivarse, y más religiosos del país. Aunque, por supuesto, el acceso era restringido, sabemos de algunos estudiosos clásicos educados en estas casas de saber. Así, Tales de Mileto, Platón, Demócrito, Diodoro, Plutarco, Eudoxo, Pitágoras, etc., visitaron Egipto y recibieron el conocimiento de sus más sabios sacerdotes. Al parecer, para que un extranjero ingresara en uno de estos centros de ciencia y permaneciera en ellos por algún tiempo, debía de someterse a muchas de las costumbres autóctonas, como rasurarse todo vestigio de pelo de su cuerpo. Plutarco, en su tratado Sobre Isis y Osiris, haciendo algunas consideraciones sobre el dios Amón, relata: "Esto lo testimonian también los más sabios de los griegos, Solón, Tales, Platón, Eudoxo, Pitágoras, y como algunos dicen, Licurgo también; fueron a Egipto y se relacionaron con los sacerdotes. Dicen que Eudoxo recibió instrucción de Conufis el Menfita, y Solón de Sonquis el de Sais, y Pitágoras de Enufis el de Heliópolis". El lugar donde se localizaban está suficientemente claro. Bubastis, Heliópolis, Menfis, Amarna, Karnak, Abidos, Edfu, Sais, Esna, etc., son algunos de los centros donde se emplazaba esta institución. Repartidas en los distintos santuarios a menudo sufrieron una especialización, es decir, se centraron más en algún campo de la ciencia o de las artes. Por dicho motivo acudían a ellas aquellos interesados en recibir alguna enseñanza técnica específica. La Casa de la Vida de Hermópolis, por ejemplo, se erigió como el centro más prestigioso en cuanto a técnicas arquitectónicas se refiere. Bubastis fue punto de encuentro y aprendizaje para un buen médico, al igual que en la Época Tardía lo fueron Abidos y Sais. Dentro de todos ellos podía haber, incluso, una mayor especialización. A través de un texto denominado Texto de la Restauración de Darío y del Papiro Ebers, sabemos que la Casa de la Vida ubicada en Sais se distinguía por su conocimiento en Pediatría. Al igual que los templos egipcios encomendados a los dioses, las Casas de la Vida también fueron consideradas un microcosmos, un mundo a escala reducida, protegido por ciertas divinidades. En el edificio se representaba mitológicamente el cielo, simbolizado en sus techos por la diosa de la bóveda celeste Nut; la tierra, encarnada en sus suelos por el dios Geb, así como otros dioses del mito osiríaco, que protegían el lugar. Los documentos egipcios nos han legado una planta donde se reconoce la Casa de la Vida de Abidos. Según reza el texto, estaba formada por "cuatro cuerpos y de un cuerpo interior recubierto de juncos", hoy se conserva en el Museo Británico. En el centro aparece el dios Osiris, mientras que los flancos están protegidos por Isis, Horus, Thot y Neftis. Aunque no se ha podido identificar con precisión el lugar donde se erigía en Abidos, pudo estar localizada en el llamado "Segundo Vestíbulo de Osiris", donde en unos nichos podían haberse archivado los rollos de papiro que contenían los textos. Los datos que poseemos parecen indicarnos que, efectivamente, estas "escuelas" eran de grandes dimensiones y que en ellas se ubicaban numerosas dependencias, tanto administrativas como de estudio o archivo. Su conservación y restauración era deber del monarca, que delegaba en un personaje de su confianza la dirección de los trabajos. En este sentido, conocemos la inscripción de un individuo que en su estatua hizo registrar que había sido designado por el rey persa Darío para ocuparse de las labores de restauración de la Casa de la Vida en Sais, una de las más importantes del Antiguo Egipto. Dando por cierto que en estos lugares se celebraran actos distintos a la mera enseñanza ¿qué otros usos podían tener estas dependencias? Es un hecho que allí¡ se celebraban ritos religiosos de origen oscuro, cuyo paralelo encontramos en la fiesta de Osiris en Abidos, una de las más mistéricas e importantes que se conmemoraban en Egipto. De hecho, sabemos que los sacerdotes de la Casa de la Vida elaboraban, anualmente, una pequeña figura de Osiris con una receta compuesta de una serie de ingredientes concretos, como se hacía en la fiesta del dios del Más Allá en Abidos. Por medio de la magia, esta imagen rememoraba la muerte y resurrección del dios que, asesinado por su hermano Set, renacía cada año. Así, la figura elaborada en el año anterior se enterraba cuidadosamente y la nueva pasaba a sustituir a la que había perdido poder. A la nueva imagen se le practicaba la Apertura de Ojos y Boca, como a los difuntos, para infundirle "alma", y durante el proceso se la colocaba bajo la protección de dos dioses cósmicos de la Cosmogonía elaborada en la ciudad de Heliópolis, el aire Shu y la humedad Tefnut, que por otro lado serán también los protectores del recinto sagrado. Es significativo que en la Casa de la Vida se denominara Vida a esta figurilla. Por otro lado, los sacerdotes de este lugar también participaban activamente en una de las ceremonias más importantes del Antiguo Egipto, la de Regeneración Solar del Rey una fiesta por la cual el monarca se cargaba con la fuerza del sol del año nuevo. Era necesario que el soberano pasara una noche en sus dependencias para que se produjese esta transmutación, es decir, la gestación y el nacimiento del faraón regenerado y capacitado para gobernar Egipto. Los tratados que se desarrollaban en estos centros de saber no eran discutibles, ya que eran dictámenes del mismísimo dios creador, con el que todos los dioses acababan sincretizándose de alguna manera. Aunque sabemos que los principales templos poseían una Casa de la Vida, ignoramos su emplazamiento exacto en algunos de ellos. Cabe suponer que los grandes recintos sagrados tendrían anexas amplias Casas de la Vida, mientras que los pequeños se conformarían con filiales de éstas y que estarían relacionadas con las bibliotecas de los santuarios. Los escribas que servían o estudiaban en esta institución se denominaban, desde el Imperio Medio, Escribas de la Casa de la Vida. Tenían una posición elevada en la jerarquía, ya que no hemos de olvidar que dominaban la lectura y la escritura sagrada. Ellos eran considerados intelectuales de alto rango y algunos ostentaban una especialización más, ya que tenían los títulos de Escriba de los Libros Divinos, Escriba de las Divinas Escrituras del Estado de Amón, etc. Otros de los sacerdotes adscritos a estos centros denotan, por sus títulos, que estaban relacionados con asuntos más conectados con la monarquía, como nos indica el de Director de los Dos Asientos en la Casa de la Vida. Los dos asientos se refieren a los dos tronos del monarca, es decir a los sitiales que representaban su gobierno sobre el Bajo y al Alto Egipto o lo que es lo mismo su regencia sobre todo el Valle del Nilo. Ver, Casa de Instrucción.
 
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