Hosios

Sacerdotes de Delfos, nombrados para los sacrificios que se ofrecían antes de consultar el oráculo. Inmolaban por sí mismos las víctimas y ponían toda su atención en que fuesen puras, sanas y enteras. Era necesario que la víctima temblase y se estremeciesen todas las partes de su cuerpo cuando recibía las efusiones de agua y vino, no siendo suficiente que sacudiese la cabeza como en los sacrificios ordinarios: sin esto, los hosios no hubieran instalado la Pitia sobre el Trípode. Estos ministros eran perpetuos y la sacrificatura pasaba a sus hijos. Se le creía descendientes de Deucalión. La víctima se llamaba Hosiota.
 
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