Hecatombe
Sacrificio de cien víctimas, y propiamente de cien bueyes, pero que en lo sucesivo se aplicó a los sacrificios de cien animales de la misma especie, aunque fuesen cien leones o cien águilas, que era el sacrificio imperial. Este sacrificio que se celebraba al mismo tiempo sobre cien altares de hierba y por cien sacerdotes, se ofrecía en casos extraordinarios, tanto felices, como desgraciados. Homero hace viajar a Neptuno por Etiopía para comprar Hecatombes de toros y de ovejas. Calcante hace llevar una a Criseida para apaciguar a Apolo, irritado contra los griegos. Según algunos autores, este sacrificio fue establecido por los lacedemonios, los cuales teniendo en su país cien ciudades, inmolaban todos los años cien bueyes a sus divinidades. La hecatombe más célebre es la que ofreció Pitágoras en acción de gracias, por haber encontrado la demostración del cuadrado de la hipotenusa: pero algunos escritores afirman que fueron bueyes de pasta, pues su filosofía no les permitía sacrificarlos vivos. Ya en el mismo Homero tomó un sentido menos preciso y designaba simplemente víctimas numerosas, no precisamente cien.

