Deifobea
o Deifoba. Sibila de Cumas, hija de Glauco y sacerdotisa de Apolo. Ovidio refiere el modo como llegó a ser sibila. Apolo, para lisonjearla, le ofreció todo lo que podía desear. Ella pidió vivir tantos años como granos de arena tenía en la mano de un puñado que acababa de coger, pero desgraciadamente olvidó pedir el poder conservar durante este tiempo la frescura de la juventud. Apolo le ofreció esta posibilidad si correspondía a su ternura, pero Deifobea prefirió una castidad inviolable al placer de disfrutar una eterna juventud, de manera que una triste y lánguida vejez sucedió a sus bellos días. En tiempos de Eneas contaba ya setecientos años, y decía que para cumplir el número de granos de arena que debía ser la medida de su vida le faltaban aun trescientos, después de los cuales, su cuerpo consumido y devorado por el tiempo, debía ser reducido a casi nada, reconociéndola tan sólo por la voz que el Destino le dejaría eternamente. Inspirada esta sibila por Apolo, daba sus oráculos desde el fondo de una caverna en el templo de esta divinidad. Tenía esta caverna cien puertas por las cuales salían otras tantas voces terribles que hacían entender las respuestas de la profetisa. Deifobea era también sacerdotisa de Hécate, que la había confiado la guardia de los bosques sagrados del Averno. Por esta razón Eneas se dirigió a ella para bajar a los infiernos. Los romanos elevaron un templo a esta sibila en el mismo lugar en que había dado sus oráculos, y la honraron como una deidad. Ver, Sibila.

