Incienso

Es una gomorresina obtenida por incisión o por el flujo espontáneo de diversas especies de árboles subtropicales de la familia de las terebintáceas burseráceas. Los antiguos egipcios emplearon mucho las gomas resinosas en el culto a sus dioses. Cuando el protagonista del célebre Cuento del Náufrago quiere honrar como a un dios a la serpiente que le acoge y le promete el retorno, le anuncia el envío de cinco materias olorosas que parece que son gomorresinas. De estas cinco palabras egipcias, solamente una parece determinada: la resina de terebinto (sontjer). Es probable que el producto llamado antyu sea el olíbano o incienso propio; es también una goma resinosa procedente del Boswellia sacra L., del Boswellia papyrífera (Arabia meridional y costa de Somalia) e incluso del Commiphora pedunculata (Sudán del Sur y Abisinia). No nos sorprenderá, pues, verla importar del país de Oponé en los bajos relieves de Deir el Bahari. Pero los egipcios conocían también la mirra, el estoraque, el gálbano, el láudano, etc.. De todos modos, en el estado actual de las investigaciones somos incapaces de precisar exactamente el nombre egipcio de cada una de estas materias. La mirra es la secreción de un arbolillo, el Balsamodendron ehrenbergianum (Berg). Otros arbustos muy similares facilitan productos semejantes que se mezclan con la mirra; pero ésta, en estado puro, proviene exclusivamente de las regiones vecinas al mar Rojo (Yemen, Hadramaut, costa de Somalia). El estoraque lo produce un arbolillo de las regiones mediterráneas, sobre todo orientales. Sus flores blancas son olorosas como el azahar. Es el Styrax officinalis (estiracíneas). Se llama también estoraque a una exudación del Liquidambar orientale (familia de las hamamelidáceas). El láudano se extraía del Cistus villosus, pequeño arbusto que crece en las orillas del Mediterráneo. En la estación propicia se golpeaba la planta con unas correas, las cuales se impregnaban de la sustancia viscosa que rezumaban las hojas. Acaso sea el iber de los egipcios. Casi todos estos productos se empleaban en medicina. Desde el punto de vista religioso desempeñaron un papel considerable, pero no sabemos gran cosa sobre el sentido de su empleo. Utilizada sola, la resma de terebinto servía para purificar, con el agua, las comidas que se ofrecían a los dioses, con motivo de las liturgias cotidianas o solemnes. Se la utilizaba asimismo en los ritos funerarios. Se la quemaba, bien en incensarios largos en cuyo extremo había un platillo con una brasa, bien en pequeñas vasijas sobre cuyas brasas se depositaba. Quizá ciertos sahumerios se hicieran con una mezcla de sustancias aromáticas, como la que se hacía en el Templo de Jerusalén. Los griegos, según Plinio, no admitieron el uso del incienso en los sacrificios, hasta después de la guerra de Troya. Antes habían empleado los arbustos odoríficos. En otro tiempo los árabes, por una precaución supersticiosa, observaban una exacta castidad cuando querían recogerlo. Se lee en Arriano que el incienso no podía ocultarse aunque se dejase enteramente abandonado, lo que derivaba de un privilegio de los dioses que preservaba de las manos de sus enemigos un perfume que les era tan precioso. Ver, Dhofâr, Hadramawt.
 
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