Pomerio

o Pomerium. Límite formal y religioso que delimitaba el territorio de una ciudad, en Roma. Consistía en una franja de tierra situada en las inmediaciones de los muros de la ciudad, en la que no se podía vivir, labrar o fabricar, ni ser utilizado como lugar de enterramiento. Era establecido por los augures. Para los romanos era una especie de avenida sagrada situada a ambos lados del surco primordial (sulcus primigenius) que libró de las profundidades del suelo los poderes subterráneos y que trazaba en torno de la Urbs un círculo mágico que la separaba del resto del mundo. Los presagios enviados por los dioses, los pájaros que volaban sobre este templum urbano, sólo eran válidos para actos que debían ser ejecutados en la ciudad, distinción que determinó para el derecho constitucional consecuencias muy importantes y permitió especialmente establecer una demarcación muy neta entre el poder civil y el poder militar. La autoridad proconsular cesaba una vez se atravesaba. El pomerio estaba marcado, al menos en Roma, por una serie de mojones limítrofes. A consecuencia de la expansión de Roma, el pomerio fue alejado varias veces a lo largo de su historia. El ejército no podía entrar en él, salvo durante la celebración de un triunfo. En Roma se carece de seguridad sobre su lugar preciso original o el de las varias alteraciones establecidas por Sila, César, Augusto, Claudio, Vespasiano y otros emperadores de los que se dice que lo extendieron. Ver, Ciudad romana, Domi.
 
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