Publicanos

o Publicani. En la antigua Roma, la palabra designa, de manera general, a todos los adjudicatarios de un servicio público (trabajos, etc.) y más particularmente a los arrendatarios de los impuestos. Los publicanos realizaban dos tipos de servicios que necesitaba el Estado romano y que no podía llevar a cabo por sí mismo. El primero era el abastecimiento de todo lo necesario para el ejército y de los bienes y servicios para los proyectos cívicos como la construcción de edificios públicos. El segundo era la recaudación de dinero para pagar esos servicios esenciales, procediendo ese dinero tanto de los ingresos de Italia, tales como las tasas portuarias (portoria) y el arrendamiento de tierra pública y de los impuestos provinciales. Tanto la provisión de bienes como la recaudación de impuestos se concedían por contrato en forma de subasta pública. Los contratos de impuestos se vendían al mejor postor que, seguidamente, podía recuperar la cantidad adelantada con un beneficio. Adelantaban al Estado la totalidad de los impuestos a percibir y luego se encargaban de su percepción. Los compradores formaban parte del orden ecuestre, con frecuencia formaban compañías que se habían hecho necesarias por las grandes sumas requeridas y que ganaban grandes cantidades con la gestión de contratos tales como la recaudación del diezmo de la provincia de Asia. Su poder, considerable durante la República, disminuyó durante el Principado cuando los impuestos directos fueron recaudados por funcionarios gubernamentales. Ver, Impuestos.
 
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