Retórica

Arte de la buena expresión y de dar al lenguaje la suficiente eficacia para convencer y deleitar a un auditorio, cuya importancia y difusión en la cultura grecorromana fueron notabilísimas. Fue creada por los sofistas en Atenas en el curso de la segunda mitad del siglo V a.C.. Comprendía tres géneros, el parenético, que se pronunciaba ante la asamblea o el Consejo, el judicial, que se pronunciaba ante los tribunales, y los discursos pronunciados en determinadas ocasiones, como el discurso fúnebre en honor de los caídos en combate. Sus cinco apartados fundamentales eran la invención o búsqueda del material relevante, la disposición u ordenación adecuada del material hallado, la elocución o estilo apropiado para la ocasión, la memoria o pautas para retener el discurso, y la declamación o técnica de hablar en público. Su dominio resultaba esencial para todos aquellos que emprendían la carrera política. Es muy posible que los retóricos tuvieran la misma antigüedad en Roma que los filósofos, pero a partir del siglo I a.C. su importancia fue tan considerable que los jóvenes romanos acudían con asiduidad a escuchar sus lecciones e incluso iban a Grecia a aprender retórica con los más célebres maestros de este arte. A comienzos del Imperio, el estudio de la retórica era el coronamiento normal de una buena educación, siendo una ciencia considerada coma indispensable en un hombre culto. Los retóricos tenían una escuela en las exedras de las foros donde las gentes acudían a escuchar las lecciones que consistían en improvisados discursos.
 
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