Rey griego
Había en Grecia, en la época micénica, cierto número de principados. En cada uno reinaba un wanax que es a la vez el "amo" y el "protector" de sus súbditos (algunos dioses preservadores como Apolo llevan ese título). El wanax ayudado por el lawagetas no es un monarca absoluto. Es un príncipe guerrero: posee un formidable palacio fortificado en el que su familia y sus bienes permanecen al abrigo durante las expediciones, las razzias, las guerras de todo tipo que dirige a la cabeza de su ejército. Es, al mismo tiempo, como nos enseñan las tablillas encontradas en Pilo, Cnoso y Tebas, el dueño de una burocracia compleja y pesada: las realezas aqueas se parecen, en ciertas aspectos, a las monarquías orientales tradicionales. En Homero, el rey es llamado unas veces anax, otras basileus (el qasireu es un funcionario poco importante en las tablillas micénicas). La Odisea muestra que en el siglo IX o en el VIII el poder real estaba considerablemente debilitado: en Feacia, Alcínoo no es más que el primero de los trece reyes (basileis) de la isla. De hecho, los jefes nobles adquirían una importancia creciente. El resultado es que no hay reyes en la mayoría de las ciudades arcaicas: el rey por excelencia para los griegos de la época clásica es el rey persa al que denominan el Gran Rey, y oponen los griegos, ciudadanos libres, a los persas, "esclavos" del rey: se considera que el régimen monárquico sólo conviene a los bárbaros. En ciertas ciudades, sin embargo, existe todavía un rey, pero es un magistrado entre otros. En Atenas, el rey, nombrado por un año, ha perdido el poder político, en provecho del Arconte, y el poder militar, en provecho del Polemarca. Ejerce una magistratura de carácter religioso; celebra los sacrificios ancestrales y es responsable de la organización de los Misterios y de las Leneas; todas las acciones judiciales que conciernen a la religión de la ciudad (impiedad, sacrilegio, asesinato, reivindicación de sacerdocio) dependen de su cargo. En Mégara, y en sus colonias (Calatis, Quersoneso, etc.), el basileus es un magistrado epónimo. Por última, la realeza se mantuvo en una ciudad, Esparta, y en varios países situados en los confines del mundo bárbaro: Macedonia, Epiro, Chipre. Esparta tiene dos reyes, que pertenecen, uno a la familia de los Agiadas, otro a la de las Europóntidas. El primer hijo que le nace al rey durante su reinado le sucede. Los reyes vieron disminuir su poder político en provecho de la gerousía y de los éforos, pero conservan sus importantes competencias religiosas y siguen siendo los jefes del ejército: el rey Agesilao fue uno de los más célebres generales griegos del siglo IV. Ningún escritor antiguo llamó nunca a Agesilao rey de Esparta: es rey de los lacedemonios, porque en la ciudad griega el territorio es menos importante que el pueblo. Asimismo, Filipo II es rey de los macedonios, Alcetas rey de los molosos (un ethnos del koinón de los epirotas): los modernos llaman "nacional" a la monarquía macedonia para señalar que al lado del rey existe una nación macedónica y que tiene derechos políticos. Estos derechos son, sin embargo, más retóricos que reales, y Filipo II no tiene que rendir cuentas a nadie. No obstante, es con Alejandro con quien el título de basileus adopta un sentido nuevo. El rey no es ya rey de un pueblo, posee una cualidad personal, la realeza. Cuando un personaje como Átalo pretende tener esa cualidad real, toma el nombre de basileus attalos, y acuña monedas con su nombre y tipo: basileus se pone sin artículo ante el nombre personal del rey. A ojos de los griegos, el rey helenístico posee una areté excepcional: tiene todas las virtudes, piedad (eusebeia) respecto a los dioses, generosidad, equidad (dikaiosyne), valor, inteligencia. Manifiesta estas cualidades por las victorias que consigue con la ayuda de su tyche (suerte) personal. Como Alejandro, en efecto, el rey helenístico es un jefe de guerra que lleva por sí mismo a sus ejércitos al combate: esto es cierto, sobre todo, para los Antigónidas y los Seléucidas. La ropa real no es otra que un uniforme macedónico de color púrpura. El rey aporta a los hombres la victoria (niké) y la paz (eirene): diversos reyes seléucidas tomaron un sobrenombre sacado de nike: Nicátor (Seleuco I), Nicéforo (Seleuco IV), Calínico (Seleuco II). Otros prefieren líamarse evérgeta (benefactor) como Ptolomeo III, Sóter (salvador) como Ptolomeo I. El rey ejerce un poder absoluto. Mediante cartas suyas o de su cancillería se hacen conocer sus voluntades a las ciudades y a los múltiples funcionarios de su reino (carta real). Es juez supremo. Pese al carácter personal de la realeza, ciertos soberanos asociaron, en vida, a su hijo a la corona para asegurar la continuidad dinástica: Ptolomeo I dio en 285 a.C. el título de basileus a su hijo, el futuro Filadelfo. La idea dinástica triunfa en todas las monarquías: la totalidad del imperio pasa al hijo mayor del rey, pero suele suceder que la voluntad de éste se imponga a expensas del derecho de primogenitura. La reina es un personaje importante: lleva el título de adelphe (hermana del rey). Algunas reinas tuvieron una personalidad fortísima, como Arsínoe II que se casó con Ptolomeo II después de Lisímaco y Cerauno y que recibió un culto como Afrodita Cefiríade.

