Adonias
Fiestas en honor de Adonis, cuyo culto empezó en Chipre o Fenicia y se extendió por Egipto, Asiria, Judea, Persia, y finalmente por Grecia. Estas fiestas solían durar ocho días. En Alejandría, la reina o la señora más calificada llevaba la estatua de Adonis, acompañada de mujeres de primer orden, que iban con canastillos llenos de tortas, perfumes, flores, ramas de árboles y toda clase de frutos. Cerraban la pompa fúnebre otras damas que llevaban ricas alfombras, sobre las cuales había dos lechos recamados de oro y plata, el uno para Afrodita y el otro para Adonis. Se veía también la estatua del joven príncipe con una palidez mortal que no alteraba en nada su hermosura. Esta procesión marchaba al son de trompetas y de toda clase de instrumentos músicos. Luciano, como testigo ocular dice: "en la ciudad de Biblos, en el día señalado para esta solemnidad, se vestían todos de luto y comenzaban a dar muestras públicas de dolor. Por doquiera se oían ayes y gemidos; las mujeres que eran las ministras de este culto, recorrían las calles con el pelo cortado y dándose continuos golpes en el pecho. La costumbre llegó a tal extremo que obligaba a las que rehusaban tomar parte en esta ceremonia a prostituirse durante un día para emplear en el culto del nuevo dios el dinero que ganaban en este comercio. En el último día de la fiesta el luto se transformaba en alegría, y cada uno en particular cebraba la resurrección de Adonis. Igual fiesta se celebraba en la misma época en el bajo Egipto: sus habitantes entonces exponían en el mar un canasto de mimbre, que, empujado por un viento favorable, abordaba por sí mismo a las costas de Fenicia, donde las mujeres de Biblos que aguardaban con impaciencia, lo llevaban a la ciudad, y entonces era cuando la tristeza pública se convertía en alegría universal". San Cirilo añade que esta pequeña nave era portadora de varias cartas en las cuales los egipcios exhortaban a los fenicios a que se alegrasen porque se había encontrado al dios que tanto lloraban. La fiesta del luto o de la muerte y la resurrección se celebraban con seis meses de distancia la una de la otra, haciendo alusión a los seis meses que Adonis debía pasar ya con Afrodita, ya con Proserpina. En Atenas se colocaban en diversos barrios de la ciudad varios túmulos que resentaban a un joven muerto en la flor de su edad, y las mujeres vestidas de luto iban a ellos para celebrar los funerales, llorando y cantanto varios himnos fúnebres. Estos días de luto se reputaban como desgraciados. Se consideró como de muy mal agüero la salida de la armada de Nicias, por haberse hecho a la vela durante estas fiestas para atacar Sicilia, lo mismo que la entrada del emperador Juliano en Antioquía. Entre otras ceremonias, una de las más notables era la siguiente. Llevaban en macetas trigo sembrado en ellas a propósito, flores y hierba naciente, frutos, arbolitos y lechugas y se concluía arrojando estos jardines portátiles al mar o a una fuente. Esto era una especie de sacrificio que se hacía a Adonis. Ver, Jardines de Adonis, Salambó.

