Adonis

EI culto de Adonis fue practicado por los pueblos semíticos de Babilonia y Siria, teniéndolo los griegos ya por suyo en el siglo VII a.C.; ya Hesíodo hace alusión a la leyenda. El verdadero nombre del dios era Tammuz y el apelativo Adonis es solamente el semítico Adon, "señor", título honorífico con el que los adoradores se dirigían a él. Pero los griegos, por equivocación, convirtieron el título de honor en nombre propio. En la literatura religiosa de Babilonia aparece Tammuz como el joven esposo o amante de Istar, la diosa Gran Madre, personificación de las energías reproductivas de la naturaleza. Las referencias a la conexión entre ambos en el mito y el ritual son fragmentarias y obscuras, pero deducimos de ello que se creía que Tammuz moría todos los años, marchando de la tierra alegre al sombrío mundo subterráneo, y que todos los años su amante divina le buscaba hasta "el país del cual no se vuelve, la casa de las tinieblas, donde el polvo cubre la puerta y el cerrojo". Durante su ausencia, la pasión del amor desaparecía; los hombres y las bestias parecían olvidar la reproducción y toda la vida estaba amenazada de extinción. Tan estrechamente estaban unidas las funciones sexuales de la totalidad del reino animal con la diosa, que sin su presencia no podían cumplirse. Un mensajero del gran dios Ea fue mandado, con este motivo, para rescatar a la diosa de la que tanto dependía. La severa reina de las regiones infernales, de nombre Allatu o Eresh-kigal, consintió, aunque de mala gana, en que Istar fuera rociada con el agua de vida y marchase, en la probable compañía de su amante Tammuz, para que los dos volviesen juntos al mundo superior y con su retorno pudiera revivir la naturaleza toda. Las lamentaciones por Tammuz ausente están contenidas en varios himnos babilonios que le comparan a las plantas que se marchitan prontamente. Parece ser que todos los años, hacia la mitad del verano, en el mes que lleva el nombre de Tammuz, se lloraba su muerte, al sonido agudo de las flautas, por hombres y mujeres. Las endechas fueron al parecer cantadas a una efigie del dios muerto que lavaban con agua pura, ungían con aceite y vestían con una túnica roja, mientras nubes de incienso se elevaban en el aire, como si excitando sus sentidos adormidos con las fragancias picantes, despertase del sueño de la muerte. Una de estas endechas, se llama "Lamentos de las flautas por Tammuz". La trágica historia y los ritos melancólicos de Adonis los conocemos mejor por las descripciones de los autores griegos que por los fragmentos de la literatura babilónica o la breve referencia del profeta Ezequiel, que vio a las mujeres de Jerusalén llorando por Tammuz en la puerta norte del templo. En la mitología griega, su forma más generalmente admitida es la siguiente: el rey de Siria, Tías, tenía una hija, Mirra o Esmirna, a quien la cólera de Afrodita impulsó a desear un incesto con su padre. Ayudada por su nodriza Hipólita, logró engañar a Tías, uniéndose con él durante doce noches. Pero a la duodécima, el padre se dio cuenta de la estratagema de su hija y, armado de su cuchillo, la persiguió para darle muerte. Ante el peligro, Mirra invocó la protección de los dioses, los cuales la transformaron en árbol, el árbol de la mirra. Diez meses después, la corteza de este árbol se levantó, rompiéndose y dando salida a un niño, que recibió el nombre de Adonis. Afrodita, enternecida por la belleza de la criatura, la recogió y la confió en secreto a Perséfone para que la criara. Pero ésta se prendó a su vez del niño, y se negó a devolverlo a Afrodita. La disputa entre las dos diosas fue zanjada por Zeus (según otros, por la musa Calíope, en su nombre), decidiéndose que Adonis viviría un tercio del año con Afrodita, otro, con Perséfone, y el tercero, donde le pluguiera. Pero Adonis pasaba siempre las dos terceras partes del año junto a Afrodita, y sólo una al lado de Perséfone. Más tarde, sin que se sepa a ciencia cierta por qué motivos, la cólera de Ártemis lanzó contra él un jabalí que, durante una cacería, lo hirió mortalmente. Este primer esbozo del mito, donde puede reconocerse el símbolo del misterio de la vegetación en este niño nacido de un árbol, que pasa un tercio del año bajo tierra y el resto del tiempo se remonta a la luz para unirse a la diosa de la primavera y del amor, fue luego embellecido y completado. Se precisó la causa de la maldición de Afrodita: Cencreis, madre de Esmirna y esposa de Cíniras (en lugar de Tías), había ofendido a la diosa, al pretender que su hija era más hermosa que ella, y, en castigo de aquella falta, Afrodita inspiró a Esmirna un amor criminal. La moza, al comprender el carácter incestuoso de su pasión trató de ahorcarse. Pero intervino su nodriza, aconsejándole que diese satisfacción a su amor. Consumado ya el incesto, la muchacha, avergonzada, fue a ocultarse en el bosque, donde Afrodita, apiadándose de su víctima, la convirtió en árbol. Y fue su padre quien con su espada rajó la corteza, sacando a luz al niño Adonis. O, según otra versión, habría sido un jabalí (prefigurando así la muerte del joven) el que liberó al árbol del infante, al abrirlo con sus colmillos. La imaginación de los poetas helenísticos se recreó representando a Adonis educado por las Ninfas, y cazando o apacentando rebaños en el campo y el bosque. En cuanto a la catástrofe que causó su muerte, asegurábase que fue provocada, no por Ártemis, sino por los celos de Ares, el amante de Afrodita, o también que fue una venganza de Apolo contra esta diosa, por haber cegado a Erimanto, hijo del dios, cuando la vio desnuda mientras se bañaba (Ver, Erimanto). La leyenda de Adonis se sitúa, ora en el monte Idalio, ora en el Líbano. Por Biblo pasaba un río, llamado Adonis, que todos los años tomaba un tinte rojo el día en que se conmemoraba la muerte del mancebo. Varias leyendas de flores van ligadas a la historia de Adonis; no solamente el origen mítico de la mirra (las lágrimas de Mirra), sino la de la rosa. En su origen, la rosa era blanca, pero Afrodita cuando corría a socorrer a su amigo herido clavóse una espina en el pie, y su sangre dio color a las flores que le son consagradas. También las anémonas pasan por haber nacido de la sangre de Adonis herido. El poeta idílico Bión cuenta que la diosa derramó tantas lágrimas como Adonis gotas de sangre, y que de cada lágrima nació una rosa, y una anémona de cada gota de sangre. Afrodita, en honor de su amigo, instituyó una fiesta fúnebre, que las mujeres sirias celebraban todos los años en primavera. En vasos, cajas, etc., plantaban semillas, que regaban con agua caliente para que brotasen rápidamente. Estas plantaciones se llamaban jardines de Adonis. Las plantas, así forzadas, morían a poco de haber salido de la tierra, simbolizando la suerte de Adonis, y las mujeres prorrumpían en plañidos rituales por el destino del joven amado de Afrodita. En esta forma del mito, la contienda entre Afrodita y Perséfone por la posesión de Adonis refleja claramente la lucha entre Istar y Allatu en el país de los muertos; mientras que la decisión de Zeus de que Adonis permaneciese una parte del año bajo el suelo y otra parte sobre el suelo, sólo es la versión griega de la desaparición y reaparición anual de Tammuz. El culto de Adonis se difundió por el mundo mediterráneo en la época helenística, y la leyenda aparece ya representada en algunos espejos etruscos. Sus ritos se celebraban con mucha solemnidad en dos lugares de Asia Menor. Uno de ellos era Biblos, en la costa de Siria, y el otro Pafos, en Chipre. Ambas ciudades fueron grandes centros del culto de Afrodita o, mejor aún, de su contrafigura semítica Astarté. Ver, Tammuz, Marduk, Jardines de Adonis.
 
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