Adoración
Acción de hacer los honores divinos. Esta palabra está compuesta de "ad", a ó hacia, y de "os, oris" la boca, y significa literalmente "acercar la mano a la boca"; "manum ad os admovere" esto es, besar la mano, lo que en Oriente una de las más grandes señales de respeto y de sumisión. Los romanos practicaban esta adoración en los sacrificios y en otras solemnidades, al pasar por delante de los templos, de los altares, de los bosques sagrados, etc.; a la vista de las estatuas, de las imágenes y de todos los monumentos donde creían que residía la divinidad. La ceremonia de la adoración consistía en la aplicación de la mano derecha a los labios, con el dedo pulgar levantado y la cabeza inclinada siguiendo un movimiento de derecha a izquierda. Este modo de besar se llamaba osculum labratum, puesto que por lo común se hacía escrúpulo de tocar las imágenes de los dioses con labios profanos, y todo lo más que se permitía era el besar sus pies o rodillas. Para adorar a Hércules o a Saturno se descubrían la cabeza, y por lo mismo se daban a este culto los nombres de Institutum peregrinum, y ritus groecanicus, institución de los peregrinos y rito griego. Como separándose del uso romano, de sacrificar y adorar con la cabeza cubierta y casi tapada con el manto, para impedir que durante la ceremonia se distrajese uno con objetos profanos, la adoración de los judíos se practicaba postrándose, con la cabeza inclinada y poniéndose de rodillas. Los cristianos adoptaron el método griego, que consitía en adorar con la cabeza descubierta. La actitud ordinaria de los primeros fieles era de rodillas, pero en los domingos estaban en pie vueltos de cara al Oriente hacia donde dirigían sus oraciones. La adoración introducida por Ciro entre los persas, consistía en arrodillarse y postrarse con la cara a los pies del príncipe, besando la tierra, e hiriéndola con la frente. Este especie de homenaje o adoración fue la que Conón ateniense y el filósofo Calístenes rehusaron tributar el uno a Artajerjes y el otro a Alejandro el Grande, como un acto impió e ilegítimo. La adoración, por lo que respecta a los emperadores romanos y griegos, consistía en arrodillarse a los pies del príncipe tocando su vestido de púrpura y luego retirar la mano para acercársela a la boca. Ver, Proskýnesis.

