Papiro de Artemidoro
Este papiro fue encontrado en el curso de los años 1990, en el interior de una máscara funeraria del Egipto helenístico. Adquirida por un coleccionista alemán durante la pasada centuria, apareció un papiro del siglo I a.C., que contiene el principio de una obra, hasta entonces perdida, de uno de los geógrafos más importantes de la antigüedad, Artemidoro de Éfeso. Incluye un mapa de la Bética descrito e ilustrado, único ejemplo de su género que ha llegado hasta nuestros días. Como explicación probable, un escriba copió en el papiro en blanco un texto del geógrafo Artemidoro de Éfeso referido a Iberia y dejó espacio para las ilustraciones. El dibujante se equivocó y en lugar de copiar toda la Península, copió un pedazo de ella, la Bética, la parte meridional de la Península, desechándose el papiro al descubrir el error. El papiro, antes de emplearse en la confección de la máscara de cartón piedra, fue utilizado como cuaderno de dibujo en un taller artístico de Alejandría. Así, la obra geográfica de Artemidoro quedó invadida por dibujos y esbozos de animales reales e imaginarios, cabezas de dioses y estudios anatómicos. Estos dibujos debieron permitir a los clientes que deseaban que se realizase un fresco o un mosaico, elegir un modelo. Posiblemente llegó un momento en que el papiro, ajado y con dibujos anticuados, dejó de servir en el taller. Hacia mediados del siglo I se envió a otro establecimiento, un servicio de pompas fúnebres, donde se mezcló con otros papiros (cartas y documentos de la administración romana en Egipto), empapado en agua, amasado y transformado en papier maché para rellenar el interior de la máscara mortuoria de una momia. El papiro de Artemidoro pasó los siguientes 20 siglos en una tumba. Sí, tal como parece, el papiro es auténtico, su valor histórico es incalculable.

