Ángeles
Los rabinos colocan siete angeles en el camino de la muerte; dos de ellos, misericordiosos, permanecen fuera de cada puerta para impedir que entre el pecador. "¿Qué haces? exclama el primer ángel, mira que en vez de hallar aquí la vida vas a arrojarte al fuego. Arrepientete". Pasada la primera puerta es detenido por el segundo ángel que le dice: "Dios te aborrecerá y se alejará de ti". El tercero le anuncia que será borrado del libro de la vida; el cuarto le conjura a que espere, que Dios va en busca de los penitentes; mas que si persevera en el crimen, después no podrá retroceder. Entonces los ángeles crueles se apoderan de él y le arrojan fuego eterno. En cuanto a la creación de los ángeles, unos la suponen en el segundo día; otros aseguran que habiendo sido llamados los ángeles en el consejo para la producción del hombre, se dividieron en diversas opiniones. El uno aprobaba, otro reprobaba, previendo que Adán pecaría por complacer a su mujer. "Pero Dios hizo callar a estos ángeles enemigos del hombre, y le creó antes de que ellos lo advirtiesen, con lo cual acalló sus murmuraciones inútiles; advirtiéndoles que también ellos pecarían si llegaban a enamorarse de las hijas de los hombres. No obstante no paró aquí la querella, pues los ángeles que estaban celosos persitieron en sostener que el hombre no era otra cosa más que vanidad, y que no se obraba prudentemente al darle un imperio tan dilatado. Dios sostuvo la excelencia de su obra porque el hombre le alabaría sobre la tierra, así como los ángeles le alababan en el cielo. Luego pidió a los ángeles tan soberbios, si sabían los nombres de todas las criaturas; entonces ellos confesaron su ignorancia, tanto más vergonzosa, cuanto Adán, que fue llamado, las nombró al instante todas con la mayor exactitud. Samael o Schamel, jefe de esta asamblea celestial, perdiendo ya la paciencia, bajó a la tierra, y reparando que la serpiente era el más sutil de todos los animales, se valió de ella para seducir a Eva. Según otros rabinos, los ángeles no fueron creados hasta el quinto día. Los hay también que opinan que Dios los iba produciendo cada día, y que salían de un río llamado Dinor. Y finalmente, algunos otros dan a los ángeles el poder de producirse los unos a los otros, como por ejemplo Gabriel, que fue creado por Miguel. Algunos rabinos enseñan que hay un segundo orden de ángeles, llamados ángeles de ministerio, los cuales tienen el cuerpo tan sutil como el fuego, con diferencia de sexos. Los doctores judíos admiten también ángeles que presiden los planetas, los meses del año o las horas del día; añadiendo que hasta los hombres tienen dos ángeles, el uno bueno, que le guarda, y el otro malo que examina sus acciones. Si el día del sábado al volver de la sinagoga, los dos ángeles encuentran la cama hecha, la mesa puesta y las luces encendidas, complacido el ángel dice: "La voluntad de Dios es que en el próximo sábado se hallen todas las cosas en el mismo buen orden"; a lo cual, el ángel malo, está obligado a responder "amén". Si la casa está en desorden, el ángel malo a su vez desea que continue el desarreglo hasta el otro sábado, teniendo igualmente que responder el ángel bueno "amén", esto es: así sea. Enoc cuenta la caída de los ángeles con las mujeres, refiriendo minuciosamente todas las circunstancias y nombrando hasta veinte ángeles que formaron una especie de conjuración para casarse. Uniéronse con las mujeres en el año 1770 del mundo, y de este matrimonio nacieron gigantes, quienes enseñaron a los hombres las ciencias y las artes. Ver, Azael, Semireas, Famaro. Estas elecciones, recibidas por los hombres y las mujeres, ocasionaron un terrible desorden. Entonces presentándose ante el trono de Dios cuatro de los ángeles que habían permanecido fieles, le manifestaron los males causados por los gigantes, diciéndole: "Los espíritus de las almas de los hombres muertos se quejan, y aunque sus suspiros suben hasta la puerta del cielo, no pueden llegar a ti a causa de las injusticias que se hacen sobre la tierra. Tú ves esto y no nos dices lo que debe hacerse". La amonestación produjo su efecto; mandó Dios a Uriel que inmediatamente fuese a advertir a Lamech o Noé, que sería exceptuado de la muerte eterna; y previno a Rafael que apoderándose de Ezael, uno de los ángeles rebeldes le arrojase atado de pies y manos a las tinieblas. Ver, Azael. Gabriel fue el encargado de enemistar a los gigantes a fin de que se matasen entre sí; mientras que Miguel debía prender a Semireas y a todos los demás ángeles casados, los cuales, después de haber presenciado la muerte de los gigantes y de todos sus hijos, quedaron atados durante setenta generaciones en los calabozos de la tierra, donde permanecerán hasta el día del cumplimiento de todas las cosas y del juicio, en que serán arrojados en un abismo de fuego y tormentos eternos. Entre los doctores musulmanes, los ángéles son los ministros del Altísimo y los ejecutores de sus decretos así en el cielo como en la tierra. Sus cuerpos puros y sutiles son resplandecientes, no tienen padre, ni madre, ni beben, ni comen; en una palabra, no tienen ningún apetito carnal. Tampoco hay diferencia de sexos. Los unos están eternamente postrados delante de Dios, en cuya actitud cantan sin cesar su poder y su gloria. Los otros cuidan de escribir en registros los pecados de los hombres. Aunque los turcos no conocen ni su nombre, ni sus diferentes ministerios en la corte celestial, se creen obligados a amarles y dirigirles sus oraciones. Acostumbran a saludarlos después de sus oraciones, diciendo a derecha e izquierda: "Que la paz y la misericordia de Dios sea con vosotros". Los musulmanes están en la creencia de que todo hombre tiene dos ángeles principales que inspeccionan todas sus acciones; el uno escribe el bien y el otro el mal. Son tan buenos estos ángeles, que cuando el que está a su cuidado comete una acción mala, esperan a que haya dormido antes de registrarla, y si efectivamente se arrepiente, escriben que Dios le ha perdonado. Estos ángeles acompañan a los hombres en todas partes, excepto en los lugares donde debe satisfacer sus necesidades naturales, limitándose a esperarle en la puerta. En esta ocasión observan los musulmanes una ceremonia extraña. Así que van a entrar en dichos lugares reservados, ponen dentro primeramente el pie izquierdo a fin de que el ángel que observa sus malas acciones sea el primero en dejarles; y al salir sacan antes el pie derecho para que ángel que preside las buenas obras sea el primero en protegerles.

